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Cuando este blog (Ateniense en Madrid), se encuentra a punto de cumplir su primer año; el medio español Tribuna Latina lo ha incluido en el ranking, de los 20 blogs, que a criterio de su redacción, les ha llamado su atención.
Es interesante que nos incluyan en su lista, y nos da una razón más para continuar escribiendo, y convertir a esta bitácora en un espacio que muestre la realidad latinoamericana y europea, desde una óptica distinta.

Al igual que los musulmanes que por su religión tienen la obligación de visitar La Meca, al menos una vez en su vida; el ateniense tendría que conocer al menos una vez la Cuenca de España. Hermosa ciudad enclavada en un cerro rocoso del cual se distinguen dos zonas definidas de la urbe, la ciudad alta, que coincide con el casco antiguo y lugar donde se encuentran las famosas casas colgadas • ; y la ciudad baja donde se desarrolla toda la vida económica.

En realidad los parecidos entre la Santa Ana de los Ríos de Cuenca - Ecuador y su similar Cuenca de Castilla la Mancha, son pocos, sin embargo zonas como las del barranco del río Tomebamba llegarían a ser comparables con las casas colgadas, así como la cerámica que desarrollan ambas ciudades.
Ambas ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, recientemente se han hermanado dentro de un marco de cooperación y acercamiento entre los dos ayuntamientos.
Si llega a la Cuenca de los castellanos, no puede dejar de saborear el delicioso ajoarriero o el morteruelo… aunque en cuestión de gustos muchos atenienses preferiremos un suculento mote pillo.

• Ojo NO colgantes, ni se le ocurra cometer ese error pues un conquense no se lo perdonaría.
* Fotos vía Fundación Municipal de Turismo & Efrén Guerrero

Ahora con ya con un cuarto de siglo, puedo publicar uno de esos textos que quedaron en el diván del psiquiatra y ahora son del público.
La pelota con su ir y venir mareaba al pobre que desde el suelo, como un mártir trataba de levantarse pidiendo una nueva oportunidad; su mano agarraba su camisa a cuadros que se había enredado en las mallas del arco de fútbol.
Con un tiro desde la media cancha, el balón impactaba en su rostro dándonos el Gol de la victoria.
Los muchachos y Yo, rodábamos sobre Diego festejando el triunfo, pero su cara demostraba a un verdadero perdedor.
En los lavabos, el agua retiraba el fango de su cara, pero sus “pecas”, permanecían estáticas, mientras que su rodilla que se asemejaba a la de Cristo le impedía caminar. Con gran dolor, me contaba sobre su mala suerte, pero sus palabras se perdían en el agua.
A la salida dominábamos el balón, esquivando a los perros y la porquería de la gallina que asemejaba a un campo minado; cuando nos acercábamos a la calle, la pelota de fútbol se me escabulló y un largo pase para Diego iba a la vía….
…. él flaco corrió a cogerla, pero antes de poder advertirle del peligro, un auto lo impactaba lanzándolo por el infinito, mientras el balón y su cabeza se confundían rebotando sobre el concreto.









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