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Picture by Kornelio Merchán

Mucho tiempo ha pasado desde que los cañaris se asentaron en Guapondélig, y posteriormente los incas usaron las llanuras de la actual Cuenca para desarrollar su Tumipamba. Ahora nuestra realidad nos ofrece un cantón que por su distribución territorial se divide en 36 parroquias, 15 urbanas y 21 rurales.

Así, la cercanía entre urbe y campo dentro de esta composición geo-política nos ha llevado a que los límites de cada circunscripción sean casi imperceptibles, y son los grandes potreros o los huertos, los que unen y llenan de magia y alegría nuestro cantón.

Este fin de semana en busca de aventura y relax, tuve la suerte de recorrer en bicicleta las cercanías de Jima, Quingeo, Dizha y Santa Ana. Durante el trayecto el olor a cocina de leña, se confundía con la fragancia de las retamas, y conforme avanzaba y la velocidad incrementaba en mi medio de transporte sentía como poco a poco ese fuerte olor al eucalipto, que aunque introducido, ya forma parte del campo de nuestra región.

Obviamente lo que más me llamo la atención durante mi visita, fue como la fuerza del agua, causó estragos en las poblaciones descritas, la misma que, cual si fuese un pincel dejó su huella, con un verdadero “brochazo” en cultivos, pastizales y construcciones.

Solamente a través de este tipo de acercamientos uno logra comprender cuan importante es que todos los sectores sociales, incluidas las parroquias, ingresen en procesos de participación ciudadana para la planeación y construcción de propuestas para su desarrollo, logrando que estas sean creadoras de su propio progreso.

Ahora, con los procesos electorales que nos aprestamos a vivir, es necesario entender la relevancia que tienen las Juntas Parroquiales como entes canalizadores de las necesidades de los pobladores, y no sólo como auxiliares de los municipios y cazadores de recursos. Por ello desde ya, se debe comprender a cabalidad las competencias que tienen estos organismos, así como sus límites, pues solo de esta manera se logrará viabilizar económicamente soluciones a las necesidades de todos los ciudadanos mejorando así su calidad de vida.

Si bien es cierto el cantón cuenta con alta cobertura de servicios básicos, el desarrollo de las nuevas tecnologías aún no se concreta en lo más mínimo. Es tiempo de comprender que para lograr la innovación plena, hace falta mucho más que llevar dos o tres computadores a las escuelas o centros parroquiales, hace falta un verdadero compromiso por parte de las autoridades para dotar de todos los servicios tecnológicos y la capacitación respectiva, para el verdadero aprovechamiento de los recursos.

Por estas razones, la conectividad entre lo urbano y lo rural es fundamental en todas las áreas, solo así conseguiremos esa tan ansiada convivencia y armonía que todos queremos, para hacer de Cuenca mucho más que una ciudad.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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Picture by VON POSH

Como si se tratase de una moda todos intentamos referirnos a los procesos de participación ciudadana que se pueden llevar a cabo en las entidades públicas, y siempre tendemos a ligar este concepto con las decisiones políticas o con la construcción de espacios participativos en los que se implique a la ciudadanía en las iniciativas institucionales y en la toma de decisiones de los temas de mayor interés para el futuro de la comunidad.

De la manera que lo he definido, tenemos una gestión perfecta en la cual el ejercicio del poder ciudadano legitima la actuación de los diferentes entes públicos, logrando de esta manera mayor gobernabilidad, democracia y equilibrio.

Sin embargo, si realizamos un breve análisis de la situación en nuestro país, vemos que hemos implementado estos postulados en la formulación de proyectos, en las justificaciones de programas de desarrollo e incluso en la normativa legal; pese a ello al momento de necesitar la presencia ciudadanía, la realidad nos demuestra que en la mayor parte de casos dicha participación se ve reducida a la incorporación de minorías no representativas de la sociedad, dejando así marginadas las verdaderas necesidades de las comunidades, simplemente por no haber sabido socializar las propuestas, o en ocasiones porque los actores llamados a intervenir fueron tomados “a dedo” solamente por cumplir con los procesos de participación ciudadana.

Solamente como un ejemplo que vale la pena rescatar, hace días recibí la propuesta de la X Bienal de Cuenca, en un documento que realmente busca que los ciudadanos nos identifiquemos con la propuesta, haciéndonosla nuestra, concibiéndola ya no solamente como un evento, sino cimentando sus ideas en una política cultural unida a la gestión de programas educativos, teóricos y de difusión. Así también revitalizando la verdadera esencia para la cual fue creada, de ser ese gran observatorio para el estudio de las nuevas estéticas visuales.

Esto demuestra que no necesariamente los procesos de participación ciudadana deben estar compaginados siempre con el ambiente político, sino también en el arte y la cultura las instituciones deber ser permeables a los cambios, e incorporar en esta construcción, al ciudadano de a pie, a esa persona que en ocasiones no está al tanto de las tendencias artísticas, pero a veces en éste se concentra todo el imaginario urbano o rural, que permite al artista crear y reflejar en sus obras la realidad de una comunidad.

No olvidemos que incluso nuestro recién aprobado texto constitucional incluye explícitamente este tema, el mismo que puede ser ejercido de manera directa o indirecta, en el segundo caso a través de esa facultad controladora de la Función de Transparencia y Control Social que se verá reflejada en el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, ente llamado a ser el canal y la presencia del poder ciudadano dentro del Estado.

Mientras tanto, hasta que todo esto se implante, Yo seguiré aportando con mi trabajo desde mi escritorio y desde las aulas a que este difícil proceso de construcción ciudadana se plasme algún día en beneficio de la comunidad.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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Photo by: Marcelo Bolaños – Cuenca Ecuador

En la tarde mientras regresaba a casa, el sol caía por detrás de las montañas e iluminaba toda la vegetación que rodea a la ciudad, era una especie de claro oscuro que se produce previa a una tormenta, pues el cielo encapotado creaba un ambiente más dramático, y fue entonces cuando me pregunté ¿cuál es el color de Cuenca?

Nadie mejor para conversar sobre este tema que con un especialista en la cromática y el arte, mi padre; quien definitivamente se inclina que Cuenca es una mezcla de azul y verde, sin embargo él capaz lo mira así por ese tinte verdoso que siempre ha cubierto sus creaciones vegetales en su obra.

Aún la duda persistía, y fue en una interesante conversación con un grupo de arquitectos que surgieron nuevos colores a los que nunca me había percatado ni siquiera, casi de manera unánime para ellos nuestra ciudad es roja, por los colores de las tierras de sus tejados que en el centro histórico crean una especie de monocromía de colores, que junto al musgo y la humedad a lo mejor reflejan el milenario trabajo de los alfareros de la región.

Ya con estos dos interesantes criterios parecía que ya mis dudas se aclaraban un poco más, y fue hasta que encontré la opinión de un biólogo y científico, como mi hermano, para quien el elemento principal de la ciudad es el agua, la misma que no solo ha sentado las características geográficas para la zona, sino que ha influenciado altamente en su desarrollo. Ahí pude comprender que los cabellos de plata que forman el Tomebamba, Tarqui, Yanuncay y Machángara, y el consecuente enlace con sus puentes, son elementos de los que nunca nos fijamos quienes amamos a esta ciudad, y que son los nexos de unión no solo a nivel de comunicaciones, sino de formas, vidas y colores.

Resulta interesante también el análisis de los colores que pueden encontrarse en nuestra ciudad, si nuestra óptica cambia y la hacemos de manera aérea, pues podremos contemplar una especie de marco verde azulado que conforman las montañas de la zona, las mismas que contienen al rojo naranja de las casonas históricas, y el verde de la vegetación que se levanta al margen de sus ríos que lentamente se deslizan como serpientes por el cuerpo de la ciudad.

Sin embargo mi apreciación no será la única, y todo dependerá muchas veces de las luces que cree nuestro enigmático Sol andino, así como de los miradores donde nos situemos, la hora del día en la que nos encontremos, y hasta la compañía que tengamos.

Cuenca guarda grandes tesoros por descubrir, sin embargo a veces nos concentramos simplemente en su congestión vehicular, su inseguridad, o en cualquier otro aspecto negativo; no solo son interesantes los colores que guarda nuestra urbe, sino sus olores de barro, incienso y romero, sus sabores, y la calidez de su gente.

Le invito amigo lector a ver cada día diferente a nuestra ciudad, a rescatar los aspectos positivos de la misma, y juntos poder construir un imaginario ciudadano diferente, lleno de alegrías, valores y cariño por la amada Cuenca.

Lo publiqué en El Mercurio

Photo by denialpolez
Hace veintiséis años la parada militar por el aniversario de la Santa Ana de los ríos pasaba por la artería principal de la ciudad, la adoquinada calle Bolívar recibía a las fuerzas armadas que desfilaban ante la expectativa de todos los ciudadanos. En ese tres de noviembre la primera luz que miré ante mi llegada al mundo fue el resplandor del astro rey en una de las cúpulas de la Catedral de la Inmaculada, reflejo que llegaba directamente a una de las habitaciones de la recordada clínica Vega donde me encontraba.

A lo mejor este antecedente hizo que sea un poco más cuencano y que quiera a mi ciudad de una manera intensa y diferente. Así en mi corta edad, he podido ver algo de la evolución que ha tenido la urbe en el transcurso de los años, dándome cuenta que es nuestra obligación regresar a las raíces que han hecho grande a la ciudad, que son justamente sus habitantes, quienes poseen sólidos principios morales, preparación académica y calidez.

Sin lugar a dudas nuestra urbe se encuentra en un constante proceso de transformación, sin embargo existen algunas situaciones que permanecen estáticas, y es necesario fomentar su cambio; me refiero a las actividades organizadas para homenajear a nuestra ciudad en su Independencia, pues la pregunta es ¿realmente existe una política cultural en nuestra administración local?, o simplemente se piensa en desfiles, ferias sin ninguna innovación y repetitivas, tecnocumbieras en tarimas, y conciertos populares.

No es mi deseo criticar la alegría y algarabía que se crean en los eventos masivos, donde los cuencanos liberan sus preocupaciones y festejan a su ciudad, pero también no debemos olvidar que somos Patrimonio Cultural de la Humanidad, y hasta el momento no contamos con una política cultural, entendida como esa gestión de las manifestaciones artísticas: teatro, museos, industria audio-visual etc.

Aún seguimos dando mayor importancia a las megaobras, que dan paso a los grandes actos inaugurales, dejando abandonados los proyectos que realmente propicien condiciones favorables para el desarrollo del arte y de las expresiones culturales.

Por ello es necesario que los ciudadanos promovamos el inicio de una discusión respecto de los parámetros que deberían ser tomados en cuenta para el manejo de la cultura dentro de la urbe. Solamente de esta manera podremos conseguir una política cultural congruente, seria, democrática, lúcida, desprovista de excesos y de ignorancia, con una dimensión realmente incluyente y tolerante.

La participación ciudadana debe ser tomada en cuenta en todos los procesos, a veces creemos que solamente este principio puede ser aplicable al tema político o electoral, sin embargo debemos comprender que la esfera de intervención del individuo en la cosa pública es mucho más amplia, y estamos llamados a modificar y colaborar con la renovación de conceptos y estructuras, para que en el futuro Cuenca tenga las fiestas que realmente se merece.

Uno de los problemas que más preocupa a los ciudadanos dentro de nuestra ciudad, es la Inseguridad, la cual pese a no ser tan grave como la que se vive en la Capital de la República o el Puerto Principal, se ha venido incrementando en la última década, y las medidas para combatir esta realidad, han quedado simplemente como “parches”, que simplemente han apaciguado los ánimos de quienes de una u otra forma reclaman por una villa en paz.

Debido al ambiente en el que vivimos, los padres de familia poco a poco se han ido convirtiendo en verdaderos “chóferes” de sus hijos, los cuales ante el alto riesgo que corren de que estos sean asaltados mientras caminan o toman el transporte público para dirigirse a las escuelas, academias, o actividades extracurriculares, optan por transportarlos y llevarlos de puerta a puerta, sin embargo, ¿hasta qué punto es factible vivir en esta burbuja de seguridad?

Somos conscientes que muchos barrios de nuestra urbe, los cuales guardan gran riqueza histórica y arquitectónica, son ahora verdaderos conventillos, donde las desigualdades sociales que atraviesan sus habitantes, les ha llevado a caer en actividades ilícitas, con la consecuente creación de inseguridad en dichos sectores; si bien es cierto, algunos proyectos de regeneración urbana, han sido puestos en marcha, el trabajo que se necesita en estas zonas debe ser integral.

Ya que más allá de poner un farol, pintar la fachada de la casa, o arreglar una vía, se debe trabajar con la gente, y satisfacer sus verdaderas necesidades, no solo hace falta maquillar la pobreza, o esconder a los mendigos detrás de grandes plataformas de concreto, para que turistas y autoridades nacionales crean que en Cuenca se percibe un ambiente de calma todos los días, y que en realidad se busca que la gente viva mejor.

Es por ello que si todos tenemos la aspiración de construir una ciudad donde nuestros hijos puedan transitar libremente sin temor a ser asaltados, y donde nuestras madres puedan subir tranquilamente al autobús sin que corran el riesgo de ser víctimas de un carterista, que se lleve el dinero de la compra para la semana; es necesario desarrollar dos factores fundamentales para luchar contra el fenómeno de la inseguridad ciudadana.

El primero se basa en eliminar las causas que llevan a los rufianes a delinquir, a través de una correcta aplicación de justicia social, que contemple que todos los ciudadanos tengan iguales oportunidades, así como lograr una correcta reintroducción de los sujetos de alto riesgo, a través de actividades productivas.

Y el segundo, sin duda es apropiarnos los cuencanos de nuestros espacios públicos, ya que toda plaza, parque, calle, son nuestras, y son para nuestro esparcimiento e integración. Así, cuando ciudadanos honestos y respetuosos logren llegar a ese nivel de apropiación, que conlleva un control implícito de esos espacios, al sentir cercanía, creará un efecto multiplicador donde los ciudadanos seamos los verdaderos guardianes de la ciudad, y de esta manera niños, jóvenes y adultos, podremos disfrutar a plenitud de una ciudad tan bella, aunque a veces insegura, como la Atenas del Ecuador.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

No importa la edad en la que nos encontremos, ya sea de niño, joven o adulto, siempre encontramos una excusa a la hora de organizar nuestro tiempo, siendo así que en ocasiones dejamos de cumplir nuestros objetivos, simplemente porque no supimos fijarnos una agenda clara, y cuando los plazos están a punto de fenecer hacemos todo lo posible para cumplir las actividades, generando un caos en nuestras vidas, que lo solemos trasladar a la esfera pública y privada.

De la misma forma, la planificación integral dentro de una urbe, puede sufrir en determinadas circunstancias, severos colapsos, por ejemplo cuando se intenta reparar las vías en un sinnúmero de frentes, y si a esto se le suma que en Cuenca, la ciudad de los desfiles, todos los días la calle Simón Bolívar recibe una marcha de algún gremio en protesta, una peregrinación religiosa, o a alguna reina que quiere hacerse presente con su séquito, los resultados son que el tráfico vehicular ya no soporta más, y la única alternativa que tenemos los ciudadanos, es caminar.

Así, cuando decidí dejar el auto en mi hogar, emprendí un recorrido por la ciudad para hacer los trámites propios de mi profesión, poco a poco empecé a encontrarme con infinidad de letreros que anuncian las obras realizadas por la administración local, los cuales describen desde proyectos de arborizaciones, reparaciones de aulas escolares, vías pavimentadas, etc., todos manteniendo los minuciosos parámetros de imagen de los asesores de la municipalidad, quienes se encuentran trabajando en vendernos a los cuencanos los maravillosos beneficios obtenidos durante los últimos 4 años.

Me parece improductivo, iniciar en los últimos 6 meses de una administración, una campaña agresiva donde se muestren las bondades de un equipo de trabajo que ha estado a cargo de una ciudad. Los ciudadanos sabemos cuándo las cosas valen o no la pena, no hace falta un lavado de cerebro, donde se nos indique que es lo bueno.

Estamos viviendo un fenómeno similar al que atraviesa el escolar al final del año, cuando ve que su viaje de fin de curso peligra por su rendimiento durante todo el ciclo de estudios, y es al final cuando se compromete y quiere mostrar ante su superior lo mucho que ha trabajado. En el caso cuencano, sabremos si la recompensa llega traducida en una reelección o en un cambio de rumbos con un nuevo equipo.

Las fichas electorales a nivel local aún no se han empezado a mover, leves acciones se han tomado, nadie dice nada hasta no saber los resultados del referéndum aprobatorio de septiembre, solo hasta ese momento sabremos las tendencias que se tomarán tanto a nivel local, como nacional.

Lo importante sería que todos los movimientos políticos y sociales vayan recogiendo las verdaderas necesidades de los habitantes del cantón, para poder crear una propuesta que realmente identifique a los ciudadanos de Cuenca, y no se quiera dejar siempre a último momento las cosas que se pueden hacer con planificación y coordinación.

Hasta que todo esto suceda, no me quedará más que seguir caminando por mi Cuenca, admirándola y queriéndola, abstrayéndome de los letreros pre-electorales, que la han convertido en una ciudad etiquetada.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

Imagen: Jon Barsalou

Durante la mayor parte de mi infancia crecí envuelto en la bruma de los bosques tropicales, y me distraía con los insectos y las flores, mientras mi hermano se iniciaba en la carrera de la biología, o me refugiaba en los bocetos de los cuadros que mi padre pintaba.

Todos estos buenos recuerdos y sensaciones siempre los llevo presentes, y vuelven a mí cuando camino por una reserva natural o visito un santuario de la naturaleza. Días atrás mientras me dirigía a Gualaceo, e iniciaba a sentir esa fuerza y energía que muestra la unión de los ríos Santa Bárbara y Paute, y me deleitaba con los exquisitos olores de la gastronomía de Certag, ingresé en el santuario de las orquídeas ecuatorianas, Ecuagenera, que lo dirigen los hermanos Portilla.

Esta historia de amor por la naturaleza y de compromiso social de la empresa, nace con la llegada del sacerdote salesiano Angel Andreetta, dentro de su labor pastoral se instala en la provincia de Morona Santiago, y escoge a la bella Bomboiza como su refugio desde donde inicia una exhaustiva investigación y catalogación de las orquídeas de la región; mientras realizaba esta labor científica, conoce a Mario Portilla, quién primero como afición y posteriormente con la ayuda de estudios universitarios, y apoyado con su hermano José, serán quienes tomen la posta de Andreetta, convirtiéndose en la mayor empresa exportadora de orquídeas del Ecuador.

Sin embargo, la labor de los Portilla, no solo se ha centrado en el aspecto empresarial, sino que con un cumplimiento estricto de las normas de la Convención Internacional de Tráfico de Especies Silvestres (CITES), su labor de investigación y conservación de la naturaleza se ha visto reflejada en la descripción y catalogación de nuevas especies para la ciencia, entre las que destaca la Phragmipedium andreettae, en honor al salesiano mentor del proyecto; así como también, mientras se realiza la visita de la colección y del laboratorio, la seriedad y el profesionalismo que les caracteriza se ve reflejado en las constantes publicaciones que en revistas científicas, este grupo de visionarios hace como en la Harvard Papers in Botany.

Siempre he sostenido que el desarrollo de toda industria o comercio, debe hacérselo manteniendo una armonía y equilibrio tanto con la naturaleza así como con la comunidad, y en este emprendedor proyecto de las orquídeas, esta idea se plasma en alrededor de 4 reservas de bosque tropical, en el centro de investigación dependiente de la Universidad Pérez Guerrero, y en el compromiso social con trabajadores, y pobladores del Pangui, donde se han emprendido un sin número de programas de apoyo e incentivo a la productividad.

Un proyecto como el descrito, que en la actualidad ha llegado a grandes dimensiones, es un ejemplo de que se pueden plasmar grandes obras en el país, y que no solo depende de apoyos de gobiernos, o ayudas económicas internacionales, sino lo que vale es el tesón y energía de los ecuatorianos, que al igual que los hermanos Portilla, ponen a diario para forjar un Ecuador diferente, productivo, soberano y respetuoso de la naturaleza.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

Cargado de maletas, esperanzas y conocimientos, en la madrugada del verano de Madrid, tomé el metro para dirigirme al aeropuerto, eran los últimos minutos en los que sentiría esa multiculturalidad que alberga la península ibérica, solo bastaba mirar alrededor y el 80% de los ocupantes del vagón eran inmigrantes, cada uno con su historia, sus problemas y su lengua creando una melodía que me mecía en el asiento durante el recorrido.

Al llegar al aeropuerto de Barajas, mi equipaje se volvía cada vez más pesado, me llevaba muchos recuerdos y experiencias, y era momento de partir; visité por última vez el mural de Guayasamín antes de pasar el filtro de migración, y me apresuré a abordar la aeronave. Durante las 13 horas de vuelo, escuché un sinnúmero de historias de mis compañeros de viaje, casi todos trabajadores que regresaban por un mes al Ecuador, y en sus pupilas podía ver la ilusión que tenían de su retorno, sin embargo estas en momentos se cargaban de lágrimas cuando me narraban sus duras aventuras en territorio europeo.
Ya en Quito, me despedí de mis improvisados amigos, a algunos aún les faltaba un largo viaje para reencontrarse con sus seres queridos en algún paraje desconocido de la Amazonía, mientras otros alegres subían en las camionetas que les esperaban para conducirlos a sus hogares.

En mi caso, mi objetivo era claro, deseaba llegar a Cuenca lo más pronto posible, es por ello que cuando arribé a la Atenas, pese a que un velo de llovizna cubría la ciudad de la eterna primavera, quería caminar por sus calles empedradas y sentir la energía de sus ríos, sin embargo mientras avanzaba por las plazas y parques, una costra de concreto cubre ahora nuestros espacios que nos recordaban nuestra historia, tradiciones e identidad.

Algunas de las grandes casonas insignias de nuestra ciudad ya no están, y no han sido derruidas por el tiempo, sino por la mano del hombre con el aval de una Administración, que prefiere poner casetas metálicas, frías y antiestéticas en la “Plaza de las Flores”, espacio que reflejaba antes de su intervención, justamente uno de los criterios que tomó la UNESCO para la declaratoria de Cuenca como Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, que es el éxito de la fusión de las distintas sociedades y culturas en América Latina que se encuentra claramente simbolizado por el diseño y paisaje de la ciudad.

Si bien es cierto, errar es humano, ocultar los errores es imperdonable, es por ello que no se deben maquillar las cosas, y usar un elaborado plan de marketing para crear una imagen electoralmente aceptable. Creo, que aún es tiempo de rectificar, y resolver los verdaderos problemas de nuestra ciudad.

Los cuencanos queremos una ciudad segura, saludable, una urbe donde podamos desarrollar nuestro futuro, y esto solamente lo podremos conseguir con una administración que mezcle experiencia y juventud, donde la innovación tecnológica conviva con el respeto a los bienes patrimoniales, a la identidad de la gente, pero sobre todo con personas que quieran a esta Cuenca de los Andes.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

Guerra de la Sal

El día 22 de Mayo de 2008, la Gobernación del Azuay, dentro de su programa cultural, presentó el mural “La Guerra de la Sal”, del artista Marco Martínez Espinoza.

Cuadro que rescata una movilización determinante en la vida de Cuenca a inicios del Siglo XX, la cual pocos recordamos.

La presentación de la obra estuvo a cargo de Eliecer Cárdenas Espinoza, Read the rest of this entry »

Salamanca - Universidad

En el mundo hispano no hay mejor referente en el aspecto académico que Salamanca, ciudad de monumentales edificios, marcada por la historia y la literatura, que alberga a una de las Universidades más antiguas de Europa. Con una arquitectura marcada por la piedra dorada de Villamayor, los templos religiosos y facultades brillan con luz propia, generando en el visitante o estudiante una sensación energética extraña que lleva a la contemplación y al estudio, y que en momentos desencaja por las pinturas de los Vitor, anagramas de color rojo, realizados en honor al doctorando, que denotan el símbolo de la victoria, los cuales se encuentran en los muros de los inmuebles de la ciudad, algunos aún guardan esas tonalidades escarlatas, mientras otros desvanecidos por el paso del tiempo, crean una atmósfera especial en esta urbe Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Así mientras escribo esta crónica en el escritorio de mi residencia de estudiantes, en Alcalá de Henares, miro por la ventana y veo a mis compañeros sentados en el prado con sus libros y computadoras, el ruido es casi nulo y lo único que invaden son algunas risotadas de alumnos de medicina que festejan por la finalización de un examen. Al pasar algunos días en Salamanca, pude comparar los ambientes que se viven en algunas de las ciudades universitarias españolas, donde las constantes son: el servicio tecnológico, la movilidad, el bienestar del estudiante y el alto nivel académico de los programas de estudios, así sin ir muy lejos los centros académicos italianos, franceses, alemanes e ingleses, sin mencionar los americanos, han logrado la convivencia de las universidades con la Urbe.

A pesar de la distancia, hace poco pude revisar por la prensa digital, que el rector de una de las universidades cuencanas, presentó un proyecto que busca una congruencia del saber, la cultura, las artes y las ciencias, dentro del concepto de Ciudad Universitaria, una interesante propuesta, que sin duda se encuentra sustentado por estudios que avalan el mismo; me pareció interesante la idea de manejar las nociones de sedes urbanas, con espacios dedicados exclusivamente a la cultura, parques tecnológicos y de investigación, vinculados a la idea de Ciudad Saludable.

Además del proyecto al que me he referido, el resto de instituciones académicas, también mantienen interesantes propuestas en beneficio de la ciudad que guardan mucha relación con el desarrollo científico y sustentable de Cuenca, solo a manera de ejemplo cabe mencionar el “Jardín Botánico”, que la I. Municipalidad lleva acabo junto con la Universidad del Azuay; incluso ese concepto de Cuenca como Ciudad Universitaria, ha sido desgastado ya por algunos políticos durante las campañas electorales, sin embargo hasta el momento esas acciones, solamente han quedado en elaborados discursos.

Sería interesante que los diferentes actores sociales, Universidades, políticos, profesionales y ciudadanos, discutan el real alcance de Cuenca como una Ciudad Universitaria, que logre englobar en un proyecto común los múltiples propuestas que cada uno por su lado loablemente lo vienen realizando, pues es preferible aglutinar el conocimiento y encaminarlo a favor de los cuencanos, y hacer de nuestra ciudad un verdadero referente en el campo académico y de la investigación, haciéndonos realmente merecedores de ese calificativo de Cuenca, Atenas del Ecuador.

Artículo que lo publiqué en Diario El Mercurio

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