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Imagen vía www.alumni.uwo.ca

Son las nueva de la noche, y la lluvia no ha parado de caer durante todo el día en la ciudad, y salgo al patio y miro el neumático de mi auto totalmente en el piso, aún vestido de terno, me siento impotente y no puedo hacer nada, tomo el celular y llamo a un servicio de radio taxi, en pocos minutos un chofer profesional llega a la casa, cambia la goma y luego de parcharla la coloca nuevamente en el coche. Frente a esta escena, mi padre mira por la ventana y finge una sonrisa.

El año en el que nacía, el doctor Dan Kiley, definía el síndrome “Peter Pan”, al prototipo de joven competente y debidamente capacitado económica e intelectualmente, pero que por “conveniencia”, decide quedarse a vivir en casa de sus padres.

Esta opción ante la vida también ha sido calificada como “generación canguro”, pues son todos esos jóvenes que se quedan al cobijo de sus progenitores, y disfrutan de los beneficios que posé un soltero y un casado a la vez, pues al ser profesionales cuentan con suficientes recursos económicos para cubrir sus caprichos, como un automóvil del año, ropa de marca, su pareja vive fuera por lo que no se preocupa de la renta, y sobre todo aún su mamá le lava la ropa, tiene casa, y nunca le faltará una comida.

Escribir sobre este tema realmente me cuesta, puesto que muy a mi pesar, encajo en algunas definiciones. No hace poco, mientras estudiaba en el extranjero, tuve que aprender todas las tareas de casa, como lavar, cocinar, planchar y sobre todo saber administrar mis fondos para llegar hasta fin de mes con algo de dinero en el bolsillo. Claro que en Europa gané conocimientos, experiencia e independencia, hasta pensaba que al llegar seguiría viviendo sólo, pero me equivoqué.

Así, solo hace unas décadas, los jóvenes ansiaban terminar el colegio, o en su defecto la universidad para independizarse, en nuestro medio lo hacían a través del matrimonio, sin embargo, ahora no hay apuro, pues inventamos las más variadas justificaciones para seguir en casa, como que nuestra sociedad cada día nos exige mayor excelencia, y debemos optar por especializaciones y posgrados y por ello no podemos formar una familia y dejar el hogar, o que cada día queremos cubrir más nuestras exigencias y necesidades y con nuestros sueldos actuales es difícil pagar los propios, y peor lo podríamos hacer para una familia entera.

Ante esto, nuestros padres no se encuentren “tan molestos” como podríamos pensar, pues para las madres nunca existirá la pareja “perfecta” para sus hijos, y hasta que eso llegue, es preferible tenernos seguros y a “salvo” en casa. Pero esto puede conducirnos a una eterna inmadurez, en la cual huyamos a los compromisos y a las responsabilidades lógicas que nos da la vida.

Si bien es cierto, nadie puede negar que es increíble tener la camisa planchada y perfumada, la comida lista, el desayuno a la hora adecuada, la cama tendida, etc., y sobre todo ese gran margen para ahorrar casi la totalidad de nuestros sueldos para darnos nuestros “gustitos”, sin embargo, es tiempo de dejar el egoísmo y asumir los retos y responsabilidades del día a día para crear una mejor sociedad.

Si el prototipo que le he descrito, no le calza directamente a usted amable lector, de seguro algún familiar o conocido le sucede.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

ajusticiamiento

Imagen vía HOY

Todos los canales de televisión se disputaban por exhibir la gran exclusiva, el ajusticiamiento indígena no sucede todos los días, y cuando el “rating” está de por medio, los valores, líneas editoriales, y hasta la racionalidad se olvida, y como consecuencia tenemos las imágenes que pocos días atrás las cadenas de televisión emitieron sobre la muerte de un ciudadano en Canchagua.

Cual si se tratase de un “reality show”, todos los ecuatorianos tuvimos acceso en nuestros televisores la trasmisión de los últimos dolorosos momentos de vida de Fausto Medina, ciudadano que sustrajo de la casa de un indígena un artefacto eléctrico, y fue juzgado y sentenciado a muerte por la comunidad de Canchagua Bajo.

Medina luego de ocho horas de ser ortigado, fue incinerado vivo, imágenes que fueron retransmitidas sin ningún criterio, ni censura por las cadenas de televisión ecuatorianas. Si bien es cierto, la polémica legal de este caso, frente a las disposiciones constitucionales del artículo 171, resultan interesantes y dignas de analizar, esta vez prefiero analizar que sucede con nuestros medios frente a estos abusos de libertad de expresión.

En estos momentos que la información se ha convertido en un bien más del mercado, y que su intercambio se lo hace de manera acelerada, hay criterios y bases doctrinales de la libertad de expresión que no podemos olvidar. Es necesario recordarlas y hacer que estas sean la base de la labor de difusión informativa de los medios de comunicación, pues a través de su función se debe contribuir al desarrollo y convivencia democrática de la sociedad, que garantiza la dignidad interna y libertad de los individuos y sobre todo es el instrumento de expresión de los seres humanos.

Así por ejemplo, nunca opinamos respecto a los límites que los ordenamientos jurídicos deben imponer a la libertad de expresión frente a la protección de la Juventud y la Infancia, colectivo que al encontrarse dentro de otras condiciones que los vuelven más vulnerables ante la información o criterios que se puedan verter sobre ellos, o sobre los contenidos que estos reciban, afectarán su desarrollo y lo reflejarán posteriormente dentro de su comportamiento de manera negativa.

Es por ello que ante las posibles arbitrariedades que se pudiesen realizar ya sea por parte los medios estatales o particulares, cobijados en una legislación que no pone límites a los contenidos a emitirse, cabe aquí sugerir la posibilidad de autorregulación por parte del agente emisor del mensaje, quien desde su formación personal y profesional, tendrá la tendencia de ejercitar su trabajo de acuerdo a los principios éticos y profesionales, evitando argumentos que posibiliten crear leyes mordazas que lo único que hacen es limitar las libertades del individuo.

El caso Medina nos hace pensar que es tiempo de revitalizar el papel y función social que los medios deberían cumplir en la sociedad, siendo fundamental que justifiquen su existencia, basando sus contenidos en los principios de imparcialidad, objetividad y veracidad.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

rafa

Foto vía Diario El País

En menos de un siglo, el mundo ha atravesado una serie de conflictos internacionales, sin embargo es importante recordar dos historias particulares, que a veces por desconocimiento o falta de información han hecho que nuestras sociedades en las últimas semanas tomen equivocadas actitudes antisemitas alrededor del planeta.

A finales del 2008, luego de recibir una serie de agresiones por los grupos armados palestinos, entre ellos Hamás, el ejército israelí inició su invasión en territorio palestino mediante la operación “plomo fundido”, la cual se llevó consigo la vida de más de un millar de personas.

Para muchos ha sido una de las incursiones militares más exitosas de la historia, sin embargo este hecho generó la condena internacional, y sobre todo la pérdida de la batalla del Estado de Israel en el campo mediático, pues la comunidad internacional se alarmó frente a este hecho, e incluso el premio Nobel, José Saramago, dijo en su momento “Esto no es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza…

No es un fracaso de la diplomacia internacional. Es una prueba más de complicidad con el ocupante”.

Frente a esto, Israel recibió algunos ataques por parte de grupos que han calificado la invasión como un verdadero genocidio, usando talvez esta palabra en vano. Pues incluso algunos escritores y medios de comunicación llegaron a comparar lo sucedido en Gaza con lo que ocurrió en su tiempo en Auschwitz.

Ahora bien, simplemente para recordar y comparar, durante la II Guerra Mundial la Alemania nacionalista de Adolf Hitler, eliminó alrededor de seis millones de judíos, y otros millones sufrieron los peores vejámenes que se han dado en la humanidad, para cumplir con la “solución al problema judío” que sostenía el III Reich. De esta forma este programa fue ejecutado de una manera sistemática y casi industrializada, a través de fusilamientos públicos o recluyendo a los judíos en campos de concentración, y a quiénes sobrevivían se les asesinaba en las cámaras de gas.

Tras la explosión del conflicto palestino-israelí en Gaza, en nuestra región se han dado una serie de incidentes antisemitas bastante contradictorios y sin sustento; desde manifestaciones donde los participantes enarbolaban signos en los que se igualaban las esvásticas nazis con estrellas de David, se referían a lo sucedido como un “genocidio palestino”, y poco a poco ha crecido la persecución a la población judía, simplemente por su etnia.

El escritor Josep Ramoneda, al respecto dijo el “Genocidio es una palabra demasiado fuerte como para devaluarla alegremente. Un genocidio, conforme al diccionario, es el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de religión o de política”.

No pretendo fanatizarme por una de las dos posiciones, simplemente recordar lo acaecido en los últimos años, y que ninguna de las matanzas sucedidas quede en la impunidad, pues los Derechos Humanos son universales y deben ser aplicados en todos los casos, no importa que haya muerto una persona, mil o un millón, ninguna puede ser olvidada y cada una debe ser juzgada y sancionada.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

bus

Aprovechando los generosos feriados decretados en el país, muchos ecuatorianos viajaron para compartir con sus familias a diferentes destinos turísticos del Ecuador. La gran afluencia de pasajeros a las terminales terrestres fue la constante, primando en estos el desorden, el aglomeramiento y la inseguridad.

No faltaron las noticias de nuevos asaltos a unidades de transporte público en las vías de nuestra provincia, situaciones que generan pánico a turistas y pasajeros que diariamente se desplazan por estas rutas.
En mi caso personal, me vi obligado a retornar de la provincia de Santa Elena en autobús. Realmente pensé que la experiencia iba a ser del todo calmada, sin embargo me equivoqué.

Al llegar al Terminal Terrestre de Salinas, ni siquiera me acercaba a la venta de boletas, y por algún motivo extra sensorial, dos individuos ya sabían dónde me dirigía, y pese a encontrarme a tiempo, me indicaron que el autobús ya estaba saliendo y que debía correr por los pasillos, caso contrario lo perdía, así que obedecí cada una de sus órdenes; en ese momento comprendí que era un serrano fácil de engatusar.

Al abordar el vehículo me acomodé en mi asiento, saqué un libro y me coloqué mis audífonos, sin embargo no pasaron más de 3 minutos, y los parlantes del bus se encendieron con la selección de la bachata más rebuscada y el reguetón de contenido, anulando a mis audífonos, e incorporándome a un mundo extraño en donde la música no se la califica por su armonía ni por su contenido, simplemente por la estridencia.

Realmente agradecí al llegar a Guayaquil y cambiar de ambiente en una terminal de pasajeros con todos los servicios, y totalmente amigable al turista. Atrás quedaban mis recuerdos de la infancia cuando llegar a la Estación Jaime Roldós, significaba estar cerca de un verdadero infiernillo. Pese a las comodidades que ofrece esta moderna infraestructura de transferencia, al subir nuevamente al autobús, el caos volvió a hacerse presente, pues la impuntualidad en el cumplimiento de las frecuencias realmente molesta, y mientras me acomodaba en mi puesto, el pasajero de mi lado se encontraba en un avanzado estado etílico, lo que lo llevó a caer totalmente dormido en mi hombro durante las cuatro horas de regreso.

El autobús se detuvo en casi todas las poblaciones para recoger pasajeros, incumpliendo así las políticas de las empresas que sostienen que el viaje se realiza directo a la ciudad, sin paradas. En cada momento que alguien ingresaba a la unidad mi nerviosismo se incrementaba pues se dice que la mayor parte de asaltos ocurre justamente porque en el trayecto los delincuentes suben a los buses. Mi viaje fue interminable, y el tiempo transcurría lento, muy lento mientras pasábamos lugares críticos donde ocurren este tipo de delitos, como El Tamarindo, Yerba Buena hasta llegar a Molleturo, sin embargo tuve la suerte de no ser uno más de los asaltados en estas vías de la provincia.

A usted querido lector, la descripción le parecerá un viaje a lo más profundo de Macondo o de un día más en Haití, pero No, todo lo narrado sucede en Ecuador; un país que quiere crecer en base a su promoción turística. Los recursos naturales no nos faltan, tampoco los destinos, sin embargo si queremos potenciar estas actividades, primero debemos trabajar en la comodidad, seguridad y atención que un turista y que cada uno de nosotros nos merecemos, pero que a veces tememos en exigirlo.

Lo publiqué en El Mercurio

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Picture by aksdareflection

A sesenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, una crisis financiera, medioambiental, energética, ética y democrática, golpea las naciones del mundo, y la de idea de protección total a la dignidad humana, sobre la cual se creó la Carta no logra hasta ahora plasmarse en una defensa plena a favor de los derechos de la sociedad.

Si bien es cierto en 1948, la reacción de la comunidad internacional, frente a esa practica del exterminio y genocidio que se dio durante el Holocausto, trajo consigo la suscripción de un documento que acordaba la libertad e igualdad de las personas. En la práctica son pocos los Estados que han intentado incluir en sus sistemas jurídicos, normas que prevean la protección total de los derechos humanos, o generar políticas para su correcta aplicación.
El panorama actual no es del todo positivo, pues simplemente si analizamos los últimos acontecimientos, vemos terroristas generando una matanza sin precedentes en Bombay, mientras que en Uganda miles de refugiados exhaustos y aterrorizados huyen de la violencia del Congo, y el caso se repite al norte de Sri Lanka.

Ante estos graves acontecimientos estamos convencidos que los gobiernos deben proteger a sus ciudadanos frente a la violencia, generando políticas diferentes de seguridad y protección, con un concepto distinto al usado por el gobierno de Bush en su “guerra contra el terror” luego del 11-S, la misma que en lugar de mejorar la situación, la empeoró con actitudes como las tomadas con los detenidos en Guantánamo, quienes aún permanecen en un limbo legal, con una degradación diaria de sus derechos fundamentales.

Lo que si estamos claros, que las violaciones de los Derechos Humanos, no sólo son realizadas por los grandes Estados, pues la pasada semana cerca de un centenar de opositores al gobierno fueron detenidos en Cuba, para evitar su participación en marchas por el sesenta aniversario de la Declaración. Mientras tanto que la Unión Europea, en su pronunciamiento oficial mira con preocupación la escalada de violencia en México, el retraso de la ley de Justicia y Paz de Colombia y el caso de los presos políticos en Cuba. El aspecto de mayor preocupación constituye los procesos de reactivación de la pena de muerte en Guatemala y Perú, por lo que la recomendación principal es recordar los compromisos que estos países adquirieron con la suscripción del Pacto de San José y del Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Así, en este nuevo aniversario de la Declaración de 1948, es tiempo de destacar los logros conseguidos en la defensa de los Derechos, pero también momento para recordar y denunciar todos esos temas pendientes que hemos expresado en este artículo, y que podrán ser resueltos con una nueva configuración de las sociedades, donde las personas sean realmente ciudadanos y no súbditos, canalizando la participación de la comunidad a través del Internet, SMS, Web 2.0., logrando una universalidad de derechos, sin jerarquías y realmente indivisibles.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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Picture by Kornelio Merchán

Mucho tiempo ha pasado desde que los cañaris se asentaron en Guapondélig, y posteriormente los incas usaron las llanuras de la actual Cuenca para desarrollar su Tumipamba. Ahora nuestra realidad nos ofrece un cantón que por su distribución territorial se divide en 36 parroquias, 15 urbanas y 21 rurales.

Así, la cercanía entre urbe y campo dentro de esta composición geo-política nos ha llevado a que los límites de cada circunscripción sean casi imperceptibles, y son los grandes potreros o los huertos, los que unen y llenan de magia y alegría nuestro cantón.

Este fin de semana en busca de aventura y relax, tuve la suerte de recorrer en bicicleta las cercanías de Jima, Quingeo, Dizha y Santa Ana. Durante el trayecto el olor a cocina de leña, se confundía con la fragancia de las retamas, y conforme avanzaba y la velocidad incrementaba en mi medio de transporte sentía como poco a poco ese fuerte olor al eucalipto, que aunque introducido, ya forma parte del campo de nuestra región.

Obviamente lo que más me llamo la atención durante mi visita, fue como la fuerza del agua, causó estragos en las poblaciones descritas, la misma que, cual si fuese un pincel dejó su huella, con un verdadero “brochazo” en cultivos, pastizales y construcciones.

Solamente a través de este tipo de acercamientos uno logra comprender cuan importante es que todos los sectores sociales, incluidas las parroquias, ingresen en procesos de participación ciudadana para la planeación y construcción de propuestas para su desarrollo, logrando que estas sean creadoras de su propio progreso.

Ahora, con los procesos electorales que nos aprestamos a vivir, es necesario entender la relevancia que tienen las Juntas Parroquiales como entes canalizadores de las necesidades de los pobladores, y no sólo como auxiliares de los municipios y cazadores de recursos. Por ello desde ya, se debe comprender a cabalidad las competencias que tienen estos organismos, así como sus límites, pues solo de esta manera se logrará viabilizar económicamente soluciones a las necesidades de todos los ciudadanos mejorando así su calidad de vida.

Si bien es cierto el cantón cuenta con alta cobertura de servicios básicos, el desarrollo de las nuevas tecnologías aún no se concreta en lo más mínimo. Es tiempo de comprender que para lograr la innovación plena, hace falta mucho más que llevar dos o tres computadores a las escuelas o centros parroquiales, hace falta un verdadero compromiso por parte de las autoridades para dotar de todos los servicios tecnológicos y la capacitación respectiva, para el verdadero aprovechamiento de los recursos.

Por estas razones, la conectividad entre lo urbano y lo rural es fundamental en todas las áreas, solo así conseguiremos esa tan ansiada convivencia y armonía que todos queremos, para hacer de Cuenca mucho más que una ciudad.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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Picture by yellowcaseartist

Por mucho tiempo se ha considerado a la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos de América, como uno de los fundamentos para el manejo doctrinal de la libertad de expresión, sin embargo poco se ha analizado sobre la esencia que guarda este postulado recogido en la Carta de Derechos, entendiéndolo como limite al poder del gobierno federal y como garantía de los derechos y libertades de los ciudadanos.

De acuerdo al análisis histórico el derecho anglosajón logrará valiosos aportes de la legislación inglesa y francesa, basados sobre todo en la razón del individuo, gracias al carácter de colonia inglesa que tuvo el territorio americano, marcado por la presencia de europeos, con un carácter puritano muy fuerte, que guardaban gran influencia de las Iglesias protestantes de la época y que se vieron traducidos en los contenidos de los derechos propugnados desde la filosofía primero, y recogidos después en los textos de derecho positivo, pertenecientes a la línea liberal de libertad de pensamiento y de conciencia, a las garantías procesales, a la soberanía del pueblo y su partición política.

En el caso americano se habla de todas las minorías religiosas de acuerdo al texto de la primera enmienda, al reconocer una libertad religiosa, sin imponer una religión oficial, dando así una ligera influencia ética-religiosa.

La enmienda primera prohíbe el establecimiento de una religión oficial, y reconoce la libertad religiosa, de expresión y de asociación. Asimismo se contempla la responsabilidad del gobierno por sus actuaciones.

En los numerosos casos que la Corte Suprema de Estados Unidos ha tenido que tratar respecto a la primera enmienda en lo que concierne a la libertad de expresión, cabe destacar que dicho derecho si admite determinadas restricciones, y que la interpretación que se hará del texto legal no se lo puede hacer de una manera literal, pues existen intereses superiores que el Estado debe precautelar y que se encuentran por encima del derecho. Así los magistrados durante el Siglo XX, han intentado encontrar una técnica que realmente encuentre un cierto balance entre la protección de los derechos en juego, existiendo por ello muchas controversias al respecto, pues para cada caso, quien juzga busca poner todas las circunstancias, no siempre teniendo una fórmula rígida de emisión de juicios.

Por ello en la actualidad las decisiones tomadas por la Corte Suprema, pese a tener un leve criterio de conservadurismo poco a poco han intentado salirse del modelo extendiendo la cobertura de protección a otras áreas como es el contenido comercial engañoso y obscenidad expresa en publicaciones.

De esta forma, el criterio de tolerancia que maneja los Estados Unidos en sus normas, permite la libertad de prensa en todos los sentidos, siempre y cuando esta no sea maliciosa, difamatoria o critique a sus figuras públicas. Cuestionable el último aspecto, sin embargo es preferible un sistema más abierto y flexible, donde se elimina el riesgo que alguna opción política importante sea previamente destruida, garantizando así las libertades plenas de sus ciudadanos.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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Picture by VON POSH

Como si se tratase de una moda todos intentamos referirnos a los procesos de participación ciudadana que se pueden llevar a cabo en las entidades públicas, y siempre tendemos a ligar este concepto con las decisiones políticas o con la construcción de espacios participativos en los que se implique a la ciudadanía en las iniciativas institucionales y en la toma de decisiones de los temas de mayor interés para el futuro de la comunidad.

De la manera que lo he definido, tenemos una gestión perfecta en la cual el ejercicio del poder ciudadano legitima la actuación de los diferentes entes públicos, logrando de esta manera mayor gobernabilidad, democracia y equilibrio.

Sin embargo, si realizamos un breve análisis de la situación en nuestro país, vemos que hemos implementado estos postulados en la formulación de proyectos, en las justificaciones de programas de desarrollo e incluso en la normativa legal; pese a ello al momento de necesitar la presencia ciudadanía, la realidad nos demuestra que en la mayor parte de casos dicha participación se ve reducida a la incorporación de minorías no representativas de la sociedad, dejando así marginadas las verdaderas necesidades de las comunidades, simplemente por no haber sabido socializar las propuestas, o en ocasiones porque los actores llamados a intervenir fueron tomados “a dedo” solamente por cumplir con los procesos de participación ciudadana.

Solamente como un ejemplo que vale la pena rescatar, hace días recibí la propuesta de la X Bienal de Cuenca, en un documento que realmente busca que los ciudadanos nos identifiquemos con la propuesta, haciéndonosla nuestra, concibiéndola ya no solamente como un evento, sino cimentando sus ideas en una política cultural unida a la gestión de programas educativos, teóricos y de difusión. Así también revitalizando la verdadera esencia para la cual fue creada, de ser ese gran observatorio para el estudio de las nuevas estéticas visuales.

Esto demuestra que no necesariamente los procesos de participación ciudadana deben estar compaginados siempre con el ambiente político, sino también en el arte y la cultura las instituciones deber ser permeables a los cambios, e incorporar en esta construcción, al ciudadano de a pie, a esa persona que en ocasiones no está al tanto de las tendencias artísticas, pero a veces en éste se concentra todo el imaginario urbano o rural, que permite al artista crear y reflejar en sus obras la realidad de una comunidad.

No olvidemos que incluso nuestro recién aprobado texto constitucional incluye explícitamente este tema, el mismo que puede ser ejercido de manera directa o indirecta, en el segundo caso a través de esa facultad controladora de la Función de Transparencia y Control Social que se verá reflejada en el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, ente llamado a ser el canal y la presencia del poder ciudadano dentro del Estado.

Mientras tanto, hasta que todo esto se implante, Yo seguiré aportando con mi trabajo desde mi escritorio y desde las aulas a que este difícil proceso de construcción ciudadana se plasme algún día en beneficio de la comunidad.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

Photo by denialpolez
Hace veintiséis años la parada militar por el aniversario de la Santa Ana de los ríos pasaba por la artería principal de la ciudad, la adoquinada calle Bolívar recibía a las fuerzas armadas que desfilaban ante la expectativa de todos los ciudadanos. En ese tres de noviembre la primera luz que miré ante mi llegada al mundo fue el resplandor del astro rey en una de las cúpulas de la Catedral de la Inmaculada, reflejo que llegaba directamente a una de las habitaciones de la recordada clínica Vega donde me encontraba.

A lo mejor este antecedente hizo que sea un poco más cuencano y que quiera a mi ciudad de una manera intensa y diferente. Así en mi corta edad, he podido ver algo de la evolución que ha tenido la urbe en el transcurso de los años, dándome cuenta que es nuestra obligación regresar a las raíces que han hecho grande a la ciudad, que son justamente sus habitantes, quienes poseen sólidos principios morales, preparación académica y calidez.

Sin lugar a dudas nuestra urbe se encuentra en un constante proceso de transformación, sin embargo existen algunas situaciones que permanecen estáticas, y es necesario fomentar su cambio; me refiero a las actividades organizadas para homenajear a nuestra ciudad en su Independencia, pues la pregunta es ¿realmente existe una política cultural en nuestra administración local?, o simplemente se piensa en desfiles, ferias sin ninguna innovación y repetitivas, tecnocumbieras en tarimas, y conciertos populares.

No es mi deseo criticar la alegría y algarabía que se crean en los eventos masivos, donde los cuencanos liberan sus preocupaciones y festejan a su ciudad, pero también no debemos olvidar que somos Patrimonio Cultural de la Humanidad, y hasta el momento no contamos con una política cultural, entendida como esa gestión de las manifestaciones artísticas: teatro, museos, industria audio-visual etc.

Aún seguimos dando mayor importancia a las megaobras, que dan paso a los grandes actos inaugurales, dejando abandonados los proyectos que realmente propicien condiciones favorables para el desarrollo del arte y de las expresiones culturales.

Por ello es necesario que los ciudadanos promovamos el inicio de una discusión respecto de los parámetros que deberían ser tomados en cuenta para el manejo de la cultura dentro de la urbe. Solamente de esta manera podremos conseguir una política cultural congruente, seria, democrática, lúcida, desprovista de excesos y de ignorancia, con una dimensión realmente incluyente y tolerante.

La participación ciudadana debe ser tomada en cuenta en todos los procesos, a veces creemos que solamente este principio puede ser aplicable al tema político o electoral, sin embargo debemos comprender que la esfera de intervención del individuo en la cosa pública es mucho más amplia, y estamos llamados a modificar y colaborar con la renovación de conceptos y estructuras, para que en el futuro Cuenca tenga las fiestas que realmente se merece.

Uno de los problemas que más preocupa a los ciudadanos dentro de nuestra ciudad, es la Inseguridad, la cual pese a no ser tan grave como la que se vive en la Capital de la República o el Puerto Principal, se ha venido incrementando en la última década, y las medidas para combatir esta realidad, han quedado simplemente como “parches”, que simplemente han apaciguado los ánimos de quienes de una u otra forma reclaman por una villa en paz.

Debido al ambiente en el que vivimos, los padres de familia poco a poco se han ido convirtiendo en verdaderos “chóferes” de sus hijos, los cuales ante el alto riesgo que corren de que estos sean asaltados mientras caminan o toman el transporte público para dirigirse a las escuelas, academias, o actividades extracurriculares, optan por transportarlos y llevarlos de puerta a puerta, sin embargo, ¿hasta qué punto es factible vivir en esta burbuja de seguridad?

Somos conscientes que muchos barrios de nuestra urbe, los cuales guardan gran riqueza histórica y arquitectónica, son ahora verdaderos conventillos, donde las desigualdades sociales que atraviesan sus habitantes, les ha llevado a caer en actividades ilícitas, con la consecuente creación de inseguridad en dichos sectores; si bien es cierto, algunos proyectos de regeneración urbana, han sido puestos en marcha, el trabajo que se necesita en estas zonas debe ser integral.

Ya que más allá de poner un farol, pintar la fachada de la casa, o arreglar una vía, se debe trabajar con la gente, y satisfacer sus verdaderas necesidades, no solo hace falta maquillar la pobreza, o esconder a los mendigos detrás de grandes plataformas de concreto, para que turistas y autoridades nacionales crean que en Cuenca se percibe un ambiente de calma todos los días, y que en realidad se busca que la gente viva mejor.

Es por ello que si todos tenemos la aspiración de construir una ciudad donde nuestros hijos puedan transitar libremente sin temor a ser asaltados, y donde nuestras madres puedan subir tranquilamente al autobús sin que corran el riesgo de ser víctimas de un carterista, que se lleve el dinero de la compra para la semana; es necesario desarrollar dos factores fundamentales para luchar contra el fenómeno de la inseguridad ciudadana.

El primero se basa en eliminar las causas que llevan a los rufianes a delinquir, a través de una correcta aplicación de justicia social, que contemple que todos los ciudadanos tengan iguales oportunidades, así como lograr una correcta reintroducción de los sujetos de alto riesgo, a través de actividades productivas.

Y el segundo, sin duda es apropiarnos los cuencanos de nuestros espacios públicos, ya que toda plaza, parque, calle, son nuestras, y son para nuestro esparcimiento e integración. Así, cuando ciudadanos honestos y respetuosos logren llegar a ese nivel de apropiación, que conlleva un control implícito de esos espacios, al sentir cercanía, creará un efecto multiplicador donde los ciudadanos seamos los verdaderos guardianes de la ciudad, y de esta manera niños, jóvenes y adultos, podremos disfrutar a plenitud de una ciudad tan bella, aunque a veces insegura, como la Atenas del Ecuador.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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