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Imagen vía www.alumni.uwo.ca
Son las nueva de la noche, y la lluvia no ha parado de caer durante todo el día en la ciudad, y salgo al patio y miro el neumático de mi auto totalmente en el piso, aún vestido de terno, me siento impotente y no puedo hacer nada, tomo el celular y llamo a un servicio de radio taxi, en pocos minutos un chofer profesional llega a la casa, cambia la goma y luego de parcharla la coloca nuevamente en el coche. Frente a esta escena, mi padre mira por la ventana y finge una sonrisa.
El año en el que nacía, el doctor Dan Kiley, definía el síndrome “Peter Pan”, al prototipo de joven competente y debidamente capacitado económica e intelectualmente, pero que por “conveniencia”, decide quedarse a vivir en casa de sus padres.
Esta opción ante la vida también ha sido calificada como “generación canguro”, pues son todos esos jóvenes que se quedan al cobijo de sus progenitores, y disfrutan de los beneficios que posé un soltero y un casado a la vez, pues al ser profesionales cuentan con suficientes recursos económicos para cubrir sus caprichos, como un automóvil del año, ropa de marca, su pareja vive fuera por lo que no se preocupa de la renta, y sobre todo aún su mamá le lava la ropa, tiene casa, y nunca le faltará una comida.
Escribir sobre este tema realmente me cuesta, puesto que muy a mi pesar, encajo en algunas definiciones. No hace poco, mientras estudiaba en el extranjero, tuve que aprender todas las tareas de casa, como lavar, cocinar, planchar y sobre todo saber administrar mis fondos para llegar hasta fin de mes con algo de dinero en el bolsillo. Claro que en Europa gané conocimientos, experiencia e independencia, hasta pensaba que al llegar seguiría viviendo sólo, pero me equivoqué.
Así, solo hace unas décadas, los jóvenes ansiaban terminar el colegio, o en su defecto la universidad para independizarse, en nuestro medio lo hacían a través del matrimonio, sin embargo, ahora no hay apuro, pues inventamos las más variadas justificaciones para seguir en casa, como que nuestra sociedad cada día nos exige mayor excelencia, y debemos optar por especializaciones y posgrados y por ello no podemos formar una familia y dejar el hogar, o que cada día queremos cubrir más nuestras exigencias y necesidades y con nuestros sueldos actuales es difícil pagar los propios, y peor lo podríamos hacer para una familia entera.
Ante esto, nuestros padres no se encuentren “tan molestos” como podríamos pensar, pues para las madres nunca existirá la pareja “perfecta” para sus hijos, y hasta que eso llegue, es preferible tenernos seguros y a “salvo” en casa. Pero esto puede conducirnos a una eterna inmadurez, en la cual huyamos a los compromisos y a las responsabilidades lógicas que nos da la vida.
Si bien es cierto, nadie puede negar que es increíble tener la camisa planchada y perfumada, la comida lista, el desayuno a la hora adecuada, la cama tendida, etc., y sobre todo ese gran margen para ahorrar casi la totalidad de nuestros sueldos para darnos nuestros “gustitos”, sin embargo, es tiempo de dejar el egoísmo y asumir los retos y responsabilidades del día a día para crear una mejor sociedad.
Si el prototipo que le he descrito, no le calza directamente a usted amable lector, de seguro algún familiar o conocido le sucede.
Lo publiqué en Diario El Mercurio

Imagen vía HOY
Todos los canales de televisión se disputaban por exhibir la gran exclusiva, el ajusticiamiento indígena no sucede todos los días, y cuando el “rating” está de por medio, los valores, líneas editoriales, y hasta la racionalidad se olvida, y como consecuencia tenemos las imágenes que pocos días atrás las cadenas de televisión emitieron sobre la muerte de un ciudadano en Canchagua.
Cual si se tratase de un “reality show”, todos los ecuatorianos tuvimos acceso en nuestros televisores la trasmisión de los últimos dolorosos momentos de vida de Fausto Medina, ciudadano que sustrajo de la casa de un indígena un artefacto eléctrico, y fue juzgado y sentenciado a muerte por la comunidad de Canchagua Bajo.
Medina luego de ocho horas de ser ortigado, fue incinerado vivo, imágenes que fueron retransmitidas sin ningún criterio, ni censura por las cadenas de televisión ecuatorianas. Si bien es cierto, la polémica legal de este caso, frente a las disposiciones constitucionales del artículo 171, resultan interesantes y dignas de analizar, esta vez prefiero analizar que sucede con nuestros medios frente a estos abusos de libertad de expresión.
En estos momentos que la información se ha convertido en un bien más del mercado, y que su intercambio se lo hace de manera acelerada, hay criterios y bases doctrinales de la libertad de expresión que no podemos olvidar. Es necesario recordarlas y hacer que estas sean la base de la labor de difusión informativa de los medios de comunicación, pues a través de su función se debe contribuir al desarrollo y convivencia democrática de la sociedad, que garantiza la dignidad interna y libertad de los individuos y sobre todo es el instrumento de expresión de los seres humanos.
Así por ejemplo, nunca opinamos respecto a los límites que los ordenamientos jurídicos deben imponer a la libertad de expresión frente a la protección de la Juventud y la Infancia, colectivo que al encontrarse dentro de otras condiciones que los vuelven más vulnerables ante la información o criterios que se puedan verter sobre ellos, o sobre los contenidos que estos reciban, afectarán su desarrollo y lo reflejarán posteriormente dentro de su comportamiento de manera negativa.
Es por ello que ante las posibles arbitrariedades que se pudiesen realizar ya sea por parte los medios estatales o particulares, cobijados en una legislación que no pone límites a los contenidos a emitirse, cabe aquí sugerir la posibilidad de autorregulación por parte del agente emisor del mensaje, quien desde su formación personal y profesional, tendrá la tendencia de ejercitar su trabajo de acuerdo a los principios éticos y profesionales, evitando argumentos que posibiliten crear leyes mordazas que lo único que hacen es limitar las libertades del individuo.
El caso Medina nos hace pensar que es tiempo de revitalizar el papel y función social que los medios deberían cumplir en la sociedad, siendo fundamental que justifiquen su existencia, basando sus contenidos en los principios de imparcialidad, objetividad y veracidad.
Lo publiqué en Diario El Mercurio

Picture by creative lens
(Cuento de Navidad)
En las noches, para dormir, mamá contaba las ratas que jugueteaban en las uniones de las vigas, mientras Yo me mantenía despierto por el duro ceibo de la cama rezando a su lado el rosario; sin embargo la repetición y la rutina ganaban poco a poco a mi fe, y mi mente se escapaba con la idea del partido en la escuela o ese revolver plateado del viejo almacén.
Los días anteriores a la preparación de las fiestas, encontraba la manera de escabullirme por la parte de atrás de la tienda de antigüedades, con el único deseo de revisar ese brillante acero que reflejaba mi rostro como en una laguna.
Las peticiones por el arma a mi madre eran reiteradas, aunque igual de repetidas eran las negaciones que ella me hacia.
Ya en casa, el ruido de las peleas y el frío que ingresaba por la rendija de la puerta impedían nuestro sueño –eso era lo que yo pensaba– pero la única preocupación de mamá radicaba en la compra de mi única ilusión de las fiestas.
Ya en la mañana, el sol quebrantó nuestro descanso y madre sin hacer el menor ruido salió a la calle. En el transcurso del día la encontré cerca del parque conversando con el dueño del viejo almacén, pero preferí dejar de mirarla y partí rumbo a casa con cierta preocupación que rondaba por mi cabeza, sentía como que ya nunca más la volvería a ver.
A partir de ese momento me esmeré preparando la cena, tenía cierto presentimiento que me alentaba a mejorar de alguna manera la comida que nos serviríamos en la noche, claro que pronto todo se oscureció, y encima de la mesa reposaba nuestro gran festín, un recipiente de mote y una lata de atún.
Los segundos cada vez pasaban más lentos, y mi madre no arribaba; el deseo que tenía por el regalo poco a poco se desvanecía y la necesidad por estar con ella crecía a cada instante.
Con cierto temor salí al portón de la casa y un tiro se escuchó… El rojo y verde anhelando, se había transformado en el negro de un funeral.

Picture by Kornelio Merchán
Mucho tiempo ha pasado desde que los cañaris se asentaron en Guapondélig, y posteriormente los incas usaron las llanuras de la actual Cuenca para desarrollar su Tumipamba. Ahora nuestra realidad nos ofrece un cantón que por su distribución territorial se divide en 36 parroquias, 15 urbanas y 21 rurales.
Así, la cercanía entre urbe y campo dentro de esta composición geo-política nos ha llevado a que los límites de cada circunscripción sean casi imperceptibles, y son los grandes potreros o los huertos, los que unen y llenan de magia y alegría nuestro cantón.
Este fin de semana en busca de aventura y relax, tuve la suerte de recorrer en bicicleta las cercanías de Jima, Quingeo, Dizha y Santa Ana. Durante el trayecto el olor a cocina de leña, se confundía con la fragancia de las retamas, y conforme avanzaba y la velocidad incrementaba en mi medio de transporte sentía como poco a poco ese fuerte olor al eucalipto, que aunque introducido, ya forma parte del campo de nuestra región.
Obviamente lo que más me llamo la atención durante mi visita, fue como la fuerza del agua, causó estragos en las poblaciones descritas, la misma que, cual si fuese un pincel dejó su huella, con un verdadero “brochazo” en cultivos, pastizales y construcciones.
Solamente a través de este tipo de acercamientos uno logra comprender cuan importante es que todos los sectores sociales, incluidas las parroquias, ingresen en procesos de participación ciudadana para la planeación y construcción de propuestas para su desarrollo, logrando que estas sean creadoras de su propio progreso.
Ahora, con los procesos electorales que nos aprestamos a vivir, es necesario entender la relevancia que tienen las Juntas Parroquiales como entes canalizadores de las necesidades de los pobladores, y no sólo como auxiliares de los municipios y cazadores de recursos. Por ello desde ya, se debe comprender a cabalidad las competencias que tienen estos organismos, así como sus límites, pues solo de esta manera se logrará viabilizar económicamente soluciones a las necesidades de todos los ciudadanos mejorando así su calidad de vida.
Si bien es cierto el cantón cuenta con alta cobertura de servicios básicos, el desarrollo de las nuevas tecnologías aún no se concreta en lo más mínimo. Es tiempo de comprender que para lograr la innovación plena, hace falta mucho más que llevar dos o tres computadores a las escuelas o centros parroquiales, hace falta un verdadero compromiso por parte de las autoridades para dotar de todos los servicios tecnológicos y la capacitación respectiva, para el verdadero aprovechamiento de los recursos.
Por estas razones, la conectividad entre lo urbano y lo rural es fundamental en todas las áreas, solo así conseguiremos esa tan ansiada convivencia y armonía que todos queremos, para hacer de Cuenca mucho más que una ciudad.
Lo publiqué en Diario El Mercurio
Photo by: Marcelo Bolaños – Cuenca Ecuador
En la tarde mientras regresaba a casa, el sol caía por detrás de las montañas e iluminaba toda la vegetación que rodea a la ciudad, era una especie de claro oscuro que se produce previa a una tormenta, pues el cielo encapotado creaba un ambiente más dramático, y fue entonces cuando me pregunté ¿cuál es el color de Cuenca?
Nadie mejor para conversar sobre este tema que con un especialista en la cromática y el arte, mi padre; quien definitivamente se inclina que Cuenca es una mezcla de azul y verde, sin embargo él capaz lo mira así por ese tinte verdoso que siempre ha cubierto sus creaciones vegetales en su obra.
Aún la duda persistía, y fue en una interesante conversación con un grupo de arquitectos que surgieron nuevos colores a los que nunca me había percatado ni siquiera, casi de manera unánime para ellos nuestra ciudad es roja, por los colores de las tierras de sus tejados que en el centro histórico crean una especie de monocromía de colores, que junto al musgo y la humedad a lo mejor reflejan el milenario trabajo de los alfareros de la región.
Ya con estos dos interesantes criterios parecía que ya mis dudas se aclaraban un poco más, y fue hasta que encontré la opinión de un biólogo y científico, como mi hermano, para quien el elemento principal de la ciudad es el agua, la misma que no solo ha sentado las características geográficas para la zona, sino que ha influenciado altamente en su desarrollo. Ahí pude comprender que los cabellos de plata que forman el Tomebamba, Tarqui, Yanuncay y Machángara, y el consecuente enlace con sus puentes, son elementos de los que nunca nos fijamos quienes amamos a esta ciudad, y que son los nexos de unión no solo a nivel de comunicaciones, sino de formas, vidas y colores.
Resulta interesante también el análisis de los colores que pueden encontrarse en nuestra ciudad, si nuestra óptica cambia y la hacemos de manera aérea, pues podremos contemplar una especie de marco verde azulado que conforman las montañas de la zona, las mismas que contienen al rojo naranja de las casonas históricas, y el verde de la vegetación que se levanta al margen de sus ríos que lentamente se deslizan como serpientes por el cuerpo de la ciudad.
Sin embargo mi apreciación no será la única, y todo dependerá muchas veces de las luces que cree nuestro enigmático Sol andino, así como de los miradores donde nos situemos, la hora del día en la que nos encontremos, y hasta la compañía que tengamos.
Cuenca guarda grandes tesoros por descubrir, sin embargo a veces nos concentramos simplemente en su congestión vehicular, su inseguridad, o en cualquier otro aspecto negativo; no solo son interesantes los colores que guarda nuestra urbe, sino sus olores de barro, incienso y romero, sus sabores, y la calidez de su gente.
Le invito amigo lector a ver cada día diferente a nuestra ciudad, a rescatar los aspectos positivos de la misma, y juntos poder construir un imaginario ciudadano diferente, lleno de alegrías, valores y cariño por la amada Cuenca.
Lo publiqué en El Mercurio
Photo by denialpolez
Hace veintiséis años la parada militar por el aniversario de la Santa Ana de los ríos pasaba por la artería principal de la ciudad, la adoquinada calle Bolívar recibía a las fuerzas armadas que desfilaban ante la expectativa de todos los ciudadanos. En ese tres de noviembre la primera luz que miré ante mi llegada al mundo fue el resplandor del astro rey en una de las cúpulas de la Catedral de la Inmaculada, reflejo que llegaba directamente a una de las habitaciones de la recordada clínica Vega donde me encontraba.
A lo mejor este antecedente hizo que sea un poco más cuencano y que quiera a mi ciudad de una manera intensa y diferente. Así en mi corta edad, he podido ver algo de la evolución que ha tenido la urbe en el transcurso de los años, dándome cuenta que es nuestra obligación regresar a las raíces que han hecho grande a la ciudad, que son justamente sus habitantes, quienes poseen sólidos principios morales, preparación académica y calidez.
Sin lugar a dudas nuestra urbe se encuentra en un constante proceso de transformación, sin embargo existen algunas situaciones que permanecen estáticas, y es necesario fomentar su cambio; me refiero a las actividades organizadas para homenajear a nuestra ciudad en su Independencia, pues la pregunta es ¿realmente existe una política cultural en nuestra administración local?, o simplemente se piensa en desfiles, ferias sin ninguna innovación y repetitivas, tecnocumbieras en tarimas, y conciertos populares.
No es mi deseo criticar la alegría y algarabía que se crean en los eventos masivos, donde los cuencanos liberan sus preocupaciones y festejan a su ciudad, pero también no debemos olvidar que somos Patrimonio Cultural de la Humanidad, y hasta el momento no contamos con una política cultural, entendida como esa gestión de las manifestaciones artísticas: teatro, museos, industria audio-visual etc.
Aún seguimos dando mayor importancia a las megaobras, que dan paso a los grandes actos inaugurales, dejando abandonados los proyectos que realmente propicien condiciones favorables para el desarrollo del arte y de las expresiones culturales.
Por ello es necesario que los ciudadanos promovamos el inicio de una discusión respecto de los parámetros que deberían ser tomados en cuenta para el manejo de la cultura dentro de la urbe. Solamente de esta manera podremos conseguir una política cultural congruente, seria, democrática, lúcida, desprovista de excesos y de ignorancia, con una dimensión realmente incluyente y tolerante.
La participación ciudadana debe ser tomada en cuenta en todos los procesos, a veces creemos que solamente este principio puede ser aplicable al tema político o electoral, sin embargo debemos comprender que la esfera de intervención del individuo en la cosa pública es mucho más amplia, y estamos llamados a modificar y colaborar con la renovación de conceptos y estructuras, para que en el futuro Cuenca tenga las fiestas que realmente se merece.
Dentro de la edición del 19 de Junio de 2008, la Revista ecuatoriana VISTAZO, en su artículo
“La Prensa que ellos quieren“
realizan una interesante aproximación a la prensa digital y a los blog´s ecuatorianos, revelando interesantes encuestas respecto a la utilización de estas nuevas formas de democratización de los medios de comunicación, y sobre todo a la credibilidad que los jóvenes tenemos respecto a estos.
Entre los “blogueros de corazón“, se cita a nuestro blog: Ateniense en Madrid, espacio que se caracteriza por brindar opinión principalmente de temas políticos y acontecimientos sucedidos en Ecuador, España y el mundo.
Con un análisis profundo, serio y objetivo.
Para leer la noticia completa: (Parte 1, Parte 2, Parte 3)
Además se mencionan los blogs de:
Indignados tus hijos del Yugo ; y
Aunque para mí, los verdaderos blogueros de corazón, creo que son:
Auraneurotica (Blog de Ludo)
@ Salmanca (Blog del Master Geek Abad)
En todos mis viajes, acompañado siempre de mi máquina de fotos y mi guía de la ciudad, he podido encontrar siempre los lugares típicos que nos recomiendan para la visita obligada, sin embargo, mientras uno recorre el corazón de las mismas, puede encontrarse con lugares que vinculan esa interesante historia entre Europa y América, este fue el caso, que me llevó a redactar este post, puesto que mientras recorría París en esta primavera, y me disponía a cruzar el “Pont Alexandre III”, a mi izquierda pude encontrarme con un homenaje del pueblo francés al Libertador Simón Bolívar, formado de manera académica y esotérica en el viejo continente.
Mi sorpresa fue encontrar la semana pasada, mientras recorría las hermosas tierras del País Vasco, en su capital Bilbao, la Casa donde habitó Bolívar, de 1800 a 1803, y fue desde esta morada, que envió las cartas para su matrimonio, vía “poder judicial”, con su amada María Teresa.
Lugar muy bien mantenido, sin embargo, la placa que describe este monumento histórico, ha sido presa de algún descomedido, como sucede lastimosamente en la mayor parte de edificios patrimoniales.

Crónica de Viaje – Maire de Paris – France
Hace menos de un mes, mientras realizaba un recorrido por algunas ciudades europeas, pude observar la fuerte campaña que se viene realizando a favor de la colombo-francesa Ingrid Betancourt, secuestrada el 23 de Febrero de 2002, por las FARC.
En la mayoría de los Ayuntamientos se exhiben pancartas en las que se clama la libertad de Betancourt, incluso la “Maire de Paris”, la ha declarado ciudadana ilustre.
Mi deseo es que la situación del conflicto colombiano se pueda solucionar pronto, para que todos quienes sufren tengan por fin un poco de paz.

Foto by mattabad - Milano Italia
















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