Ocaña

por Andrew

Ocaña

Recordando las travesías que de niño realizaba rumbo a Guayaquil, recorriendo cada curva con cada paisaje, con cambios de climas y de paisajes, pasando desde las finas puntas que como lanzas se levantan en el Burgay, hasta llegar a la alfombra esmeralda que forman los arrozales al llegar a la Costa con éstas imágenes del recuerdo, hace pocos días volví por esos parajes y pude apreciar como todo ha cambiado, rostros nuevos, edificios extravagantes que emergen en medio de las construcciones rurales, creando un paisaje bastante atípico al que nos acostumbramos a mirar años atrás, donde los techos de paja han sido reemplazados por los de zinc, muestra indudable de cambios drásticos, sin que esto demuestre un verdadero desarrollo para la comunidad.

Así luego de transportarme en el servicio de transporte interprovincial, entre gallinas y ese extraño olor que se crea al interior del automotor por la carga que se lleva para el intercambio de los productos de la Sierra a la Costa, tuve la suerte de llegar a la Hacienda “Esther Victoria” (Ocaña – Provincia del Cañar), donde junto a sus propietarios, Gabriel y Trajano Bermeo Jaramillo, pudimos recorrer esta unidad agrícola ejemplo de “producción sustentable”, donde se busca la protección del Bosque de Ocaña, y además en las partes cercanas al río se desarrolla un proyecto piloto de cultivo de la Nuez de Macadamia, laborando con comuneros del sector.

Al caminar por los senderos la variedad de tonalidades de vegetación de la zona inspiraraon para que el pintor de la naturaleza Marco Martínez Espinoza, realice sus bocetos para sus obras pictóricas, quien con la misma habilidad de los cronistas de los naturalistas de la colonia de América, consiguió reflejar la realidad y el entorno en el que nos encontrábamos.

Posterior a la visita a Ocaña, miraba mis fotografías y las cotejaba con las que se publicaban en los diarios, se trataban de los mismos paisajes, pero ahora los personajes eran diferentes, puesto que las principales autoridades de las provincias de Azuay y Cañar posaban con una amplia sonrisa presentando el proyecto Hidroeléctrico Ocaña; a lo mejor era la primera vez que visitaban el sector, y hasta que se inaugure el proyecto en los años posteriores, tal vez éstos no volverán.

Ahora en el período de campaña en el que nos encontramos, no sería extraño que los candidatos a Constituyentes recorran sectores necesitados como de Ocaña, ofreciendo obras y progreso para la zona, falacias a las que los electores nos hemos acostumbrado a escuchar, puesto que son pocos los candidatos que comprenden y trasmiten en sus propuestas verdaderos criterios para estructurar la nueva Carta Política de la nación.

Es tiempo de socializar ideas que contribuyan al desarrollo de la nación, donde se involucren los factores ambientales, sociales y de progreso comunitario. No es justo montar grandes “programas” y utilizar los recursos naturales de zonas rurales olvidadas del país, y simplemente lucrar. Este artículo no busca frenar, ni peor aún entorpecer el avance de nuestra región, simplemente es momento que quienes lideran los estudios y propuestas como en este caso para la generación Hidroeléctrica, se involucren más con la población y sus realidades para poder plantear programas paralelos en la comunidad. De esta forma, no se trata de imponer “soluciones” a quienes habitan la zona, sino crear y evaluar junto a ellos cuales son sus problemas y debilidades. Solamente de esta manera se podrá construir un desarrollo armónico del Austro y del país, donde el progreso hacía las comunidades sea real, y no simplemente un discurso de campaña que quede sobre una tarima.

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