Cruzando el charco

por Andrew

 

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Luego que el ecuatoriano promedio ha realizado todas las gestiones para obtener su ansiada y codiciada Visa Schengen (si ud desea mayor información sobre este trámite consulte la bibliografía que nos trae nuestro partner matias abad), se debe enfrentar a las curiosas situaciones que narro a continuación y que han sido vividas por quien les narra.

 

Los llantos, sombreros y ponchos de viajeros y familiares en el aeropuerto Mariscal Sucre de la capital habían quedado atrás, y mientras revisaba un poco el periódico, un extraño acento de mi compañero de fila me sorprendió.

 

Su nombre era Luís Calvache, ecuatoriano por nacimiento, pero más español que el mismo Cervantes, quien arrastra la “z”, y se la lleva consigo, sin embargo al darse cuenta que Yo era ecuatoriano las cosas cambiaron. Su acento costeño y ese swing de Guayaquil aún lo conservaba, se vio suspendido cuando de pronto cuando el capitán de la nave nos informó que cual aventuras en “Macondo”, nada más, ni nada menos que un perro había arrevesado la pista y que no tenía la menor intensión de moverse. Así con un operativo impresionante, los bomberos lo retiraron para poder despegar.

 

Así, durante las doce largas horas del cruce del Atlántico, con una especial narración mezclada con fantasía, me narró sus travesías por la península Ibérica, de cómo se “arrejunto” con su María, y hasta se hizo cargo de una “guagua”. Reflexionaba como la vida era injusta con él, pues cuando ansiaba tatuarse no tenía plata, y ahora que los tiene, intenta ahorrar para quitárselos.

 

Ya al llegar al aeropuerto de Barajas me despedí de Luís y su familia, no sin antes éste increparme:

 

No sea gil hermano, si ya se vino para acá, no estudie nada, más bien trabaje, porque en el Ecuador todo va a volverse más “jodido”.

 

En realidad espero que su comentario haya sido solamente una falsa predicción, y que mi país tome nuevos rumbos a favor de todos los ciudadanos.

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