No decimos nada

por Andrew

En distintos continentes pero con la misma fuerza, los inicios del siglo XX brindaron a la sociedad internacional grandes escritores, poetas y dramaturgos.

Más allá de la carga ideológica de sus textos, la fuerza y vitalidad de sus escritos han hecho que estos subsistan hasta nuestros días.

Marcados por una situación común, la muerte, el ecuatoriano Medardo Angel Silva y el ruso Vladimir Maiakovski, entre otros, crearon en sus territorios la llamada “generación decapitada“, pues al encontrase en el apogeo de sus carreras, estos se suicidaron.

Hoy en las clases con el Dr. Javier Borrego (Juez del Tribunal Europeo de DDHH), inició su cátedra con un poema de Maiakovski, y no sé por qué, recordé al Ecuador.

En la primera noche ellos se acercaron
y recogieron una flor de nuestro jardín.
Y no dijimos nada.

En la segunda noche, no se ocultaron
y pisaron las flores.
Y tampoco dijimos nada.

Luego, mataron a nuestro perro:
y no dijimos nada.

Hasta que un día el más débil de ellos entró sólo a nuestra casa,
nos robó la luna y, conociendo nuestro miedo,
nos arrancó la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada,
ahora ya no podemos decir nada.

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