Deseo… un cuento navideño

por Andrew

En las noches, para dormir, mamá contaba las ratas que jugueteaban en las uniones de las vigas.

Siempre el duro ceibo de la cama me mantenía en pie para rezar el rosario con ella; la repetición y la rutina ganaban poco a poco a mi fe, mientras mi mente se escapaba con la idea del partido de mañana o ese revolver plateado del viejo almacén.

Todos los días anteriores a la preparación de las fiestas, encontraba la manera de escabullirme por la parte de atrás del almacén; así, con más habilidad que suerte maniobraba por encima del gato y esquivaba el bacín de Don José, con el único deseo de revisar ese brillante acero que reflejaba mi rostro como en una laguna.

Las peticiones por el arma a mi madre eran reiteradas, aunque igual de repetidas eran las negaciones que me hacia.

Para ella el peligro sobrepasaba la felicidad, pero mi alegría se ponía en riesgo sin tenerlo.

El ruido de las peleas y el frío que ingresaba por la rendija de la puerta impedían nuestro sueño – eso era lo que Yo pensaba – pero su única preocupación radicaba en la compra de mi única ilusión de las fiestas.

Ya en la mañana, el sol quebrantó nuestro descanso y mamá sin hacer el menor ruido salió a la calle. En el transcurso del día la encontré cerca del parque conversando con el dueño del viejo almacén, y encontré algo de extraño en su rostro, puesto que su cabello que se deslizaba como olas por su cuerpo, se mezclaban con cristales luminosos que caían de sus ojos. Decidí dejar de mirarla y partí rumbo a casa con cierta preocupación que rondaba por mi cabeza.

A partir de ese momento me esmeré preparando la cena, tenía cierto presentimiento que me alentaba a mejorar de alguna manera la comida que nos serviríamos en la noche, claro que pronto todo se oscureció, y encima de la mesa reposaba simplemente un recipiente de mote y una lata de atún, de esta manera se presentaba nuestro gran festín.

Los segundos cada vez pasaban más lentos, y mi madre no arribaba; el deseo que tenía por el regalo poco a poco se desvanecía y la necesidad por estar con ella crecía a cada instante.

Con cierto temor salí al portón de la casa y un tiro se escuchó…

El rojo y verde anhelando, se habían transformado en el negro de un funeral.

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