El Triángulo del Arte

por Andrew

Pileta Prado

Foto vía Socayo 

No importa la época del año, pues el Paseo del Prado en Madrid siempre se muestra coqueto al visitante, ya sea con el verde de sus árboles en primavera o la mordaz ausencia de color en el invierno; así mientras recorro la ciudad voy desde la Plaza de Cibeles, y disfruto de la danza del agua en la Fuente de Neptuno.

Paso a paso por la vieja alameda, cada Museo de la zona marca un hito distinto e interesante al cual los madrileños han denominado el “Triángulo del Arte”, conformado por el Museo del Prado, considerado una de las pinacotecas de mayor importancia a nivel mundial por su exclusiva colección de pintura española, italiana flamenca y holandesa de los siglos XII al XIX, mientras que la muestra que reposa en el Museo Thyssen-Bornemisza abarca principalmente artistas desde el período Gótico hasta el Siglo XX y por último, las obras el Museo Reina Sofía toman la posta hasta llegar al arte contemporáneo.

Todos los Museos se encuentran situados en edificios que además de su valor artístico e histórico, han servido de referente para el establecimiento de la museografía en pinacotecas a nivel mundial. Sin embargo, también en la administración del Arte, todo evoluciona y ahora son nuevos los recursos que se están utilizando para la exhibición de las obras, lo cual ha ocurrido en la ampliación del Museo del Prado, donde el arquitecto Rafael Moneo ha sido el encargado de transformar parte del gran templo madrileño que alberga a Velázquez, Goya y el Greco, acoplándolo al antiguo claustro de los Jerónimos.

Con la utilización de nuevos conceptos, hacen que desde el exterior el visitante no se percate de la conexión entre los dos edificios, mientras al interior la utilización de otro tipo de materiales e incluso el incorporar elementos funcionales como escaleras eléctricas, salas de descanso y para talleres, cafetería, etc., otorgan un ambiente distinto que brinda una suspensión mental al espectador que sale de una exposición con saturación de obras maestras y lo traslada a inmensas salas donde persiste el uso de pigmentos poco usuales en sus paredes y donde actualmente se exponen cuadros de gran formato de artistas españoles del Siglo XIX, “La Mitología e Historia Sagrada en el Siglo de Oro” a través de las Fábulas de Velásquez, y el manejo del movimiento a través de la muestra de “El toro mariposa” de Goya.

No solo hacen falta recursos para la correcta administración cultural en los Museos, pues ideas innovadoras y a veces aventuras en pro del desarrollo de la cultura, han hecho que espacios que en ocasiones no despertaban mayores expectativas, sean transformados en lugares donde el aprendizaje, la investigación y la retroalimentación que recibe el visitante sean una constante.

Así en Cuenca, tenemos interesantes proyectos que muestran propuestas al respecto, como la administración cultural llevada en el Museo de Pumapungo, que nos transporta a una interesante interacción arqueológica, étnica y natural; rescatar también en otra escala, el minucioso trabajo llevado por el Museo de Esqueletología, aportando nuevos métodos y recursos a la educación ambiental. Así se demuestra que los recursos económicos son importantes, pero lo trascendental es el ingenio y la capacidad de transformar lo rutinario en mágico, y lo común en insólito.

* Artículo publicado en Diario El Mercurio

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