Creencia, Sentimiento y Energía

por Andrew

Madrid.- Durante la última semana hemos sido testigos de numerosas manifestaciones religiosas que se han llevado a cabo en calles, templos, y hasta en los hogares de los cristianos practicantes, quienes durante estos días en actos de reflexión y contrición han expresado su ferviente devoción. Países como el Ecuador, donde alrededor del 90 por ciento de su población se define como católica, no faltaron las procesiones como el Cristo del Consuelo en el puerto principal, Jesús del Gran Poder en la capital, y como no recordar la tradicional visita de las iglesias en la Atenas del Ecuador, donde los cuencanos aprovechamos no solo para la celebración religiosa, sino que la complementamos con esa pasarela social tan nuestra, donde los coqueteos se esconden detrás de las velas, y las miradas se intercambian por las rendijas de las bancas de los templos.

Así entre “capirotes”, como les llaman a nuestros tradicionales “cucuruchos” en España, las 17 comunidades autónomas vivieron procesiones de todo tipo, las mismas que por momentos llevaron a nuestros compatriotas a trasladarse por minutos a su tierra, pues el parecido y el colorido de los personajes, que con el fuerte olor a incienso que deambulaba por las calles, creaba una especie de atmósfera especial donde las creencias y la convicción de cada uno de los asistentes, hacían que los asistentes podamos sentir un efecto energético diferente, algo muy cercano a la paz.

La sensación que pude experimentar, muchas otras personas la han compartido, no necesariamente en la Semana Santa, sino en las distintas manifestaciones religiosas que se desarrollan por todo nuestro país, así mientras los peregrinos marchan por las frías cordilleras del Azuay y Loja, con su único objetivo de visitar a su “churona”, o más al norte cuando quienes pasando por Guayllabamba caminan cientos de kilómetros solamente para saludar a su Virgen del Quinche.

Muchos agnósticos consideran que todo este tipo de situaciones por las cuales atraviesan los fieles, es simplemente producto de un dogmatismo religioso que lleva a los creyentes incluso a vivir situaciones de catarsis, las mismas que luego se les atribuye como milagros. Sin embargo, un análisis mucho más objetivo, nos lleva a concluir que la convicción, sentimiento y respeto con la cual toda esta gente realiza sus actos, sin duda crea una atmósfera especial la cual alejándonos del dogmatismo y el fanatismo, instaura ese silencio interior que todos algún día necesitamos experimentar.

En una experiencia similar, pero al otro lado del charco, hace poco fue la segunda ocasión que realicé la última etapa del camino de Santiago de Compostela; pese a que menos de la mitad de las personas que lo hacen, han dejado de lado el valor religioso del mismo, el paisaje y la confraternidad que se vive en su interior, hace que la experiencia sea inolvidable, ya que se unen en un mismo trayecto ciudadanos de todas las nacionalidades, y sin importar ideologías y religiones caminan juntos para alcanzar la misma meta. Todo este tipo de actividades para muchos simplemente son experiencias turísticas, para otros son lecciones de vida y demostraciones de fe, lo importante es recordar que la libertad religiosa y de pensamiento hace que dentro de un mismo territorio podamos convivir con diferentes visiones, donde el respeto a las mismas sea la constante para alcanzar una verdadera armonía social.

Artículo publicado en Diario El Mercurio.

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