El pecado de no ser payo (II parte)

por Andrew

Imagen vía: Wikimedia Commons

Frente al fenómeno de discriminación que el colectivo Romaní atraviesa, y que fue descrito en la I parte de este artículo; por parte de los medios se intenta desvirtuar este tipo de denuncias, pretendiendo mostrar una situación de mayor tolerancia, ocultando en momento el aumento de la violencia que los gitanos sufren.

Las estadísticas a nivel europeo realmente resultan preocupantes, ya que alrededor de un 40% de los ciudadanos preferiría no tener a un gitano como vecino, por los estereotipos que se han formado respecto a estos individuos, lo cual ha creado una especie de barreras frente a un anhelado proceso de inclusión con esta minoría étnica; por lo que en las diferentes urbes esta realidad se ha visto plasmada en la construcción de las denominadas “chabolas”, o construcciones realizadas en base de desechos, en las cuales se refugian las familias Romanís de escasos recursos económicos.

El caso de los gitanos es solo uno de tantos, pues la mayor parte de Estados albergan dentro de su territorio a minorías, las cuales se encuentran caracterizadas por un lazo común de identidad, ya sea esta religiosa, lingüística o étnica, que los diferencia del resto de la población.

Por ello, el 18 de diciembre de 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobaba la Declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas, en la que se establece que la promoción y protección de los derechos de estos colectivos, contribuyen a la estabilidad política y social de los Estados en los que estos viven.

Así la promoción y reconocimiento de los derechos de este tipo de minorías, cada vez es tomado más en cuenta por parte de la comunidad internacional, ya que se considera que las tensiones que se han creado en los últimos tiempos en los países por factores raciales, religiosos y étnicos, son los causantes de inestabilidad e inseguridad de los distintos gobiernos.

Por ello es necesario que la sociedad brinde a estos colectivos, garantías de no discriminación por causas de raza, color, origen étnico o nacional, o ya sea por su status dentro de la comunidad. Además es importante que los individuos se vuelvan participes de la vida cultural, económica y política del Estado en el que se encuentren, sintiéndose parte del país que los acoge, pero también creando el ambiente en el cual se respeten sus costumbres y se creen las condiciones para que sus tradiciones se mantengan, gozando de su cultura e idioma.

Así, pese a encontrarnos en el Siglo XXI, y que sería el momento de preocuparnos de investigar y legislar respecto a los nuevos derechos en los cuales se encuentra inmerso el ciudadano, como los de la naturaleza, las nuevas tecnologías, etc; aún encontramos casos en los cuales los derechos y libertades de los seres humanos, recogidos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, se transgreden a diario, lo cual nos lleva a reflexionar que algo pasa en nuestro mundo, y que es hora de volver al ser humano, a su dignidad, cuyo respeto y protección tiene que ser la base para el desarrollo de nuestra sociedad.

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