Género y sociedad

por Andrew

En todas las actividades que desarrollamos durante nuestras vidas, sin importar la fuerza, intelecto, habilidad, que se requiera para estas, mujeres y hombres compartimos desde nuestros medios dichas responsabilidades; sin embargo al momento de una remuneración, posición en una empresa, esa idea de igualdad de pronto desaparece, y ese instinto del patriarcado que nos formó durante nuestra infancia, sale a escena.

Durante mis clases, ya sea de pregrado y posgrado, siempre las aulas tuvieron un mayor porcentaje femenino, y sin temor a equivocarme ellas tenían un mejor rendimiento, sin embargo, la estructura de nuestra sociedad no permitió que todas ellas sobresalgan, a veces la maternidad las absorbió, o una competencia desleal las anuló.

De la misma forma, a través de mi experiencia profesional, he tenido la suerte de estar bajo la dirección de mujeres muy capaces, que por sus méritos propios, podrían estar manejando los hilos de la mayor parte de empresas e instituciones, pero la realidad es otra; pues a la hora de elegir una persona que dirija a un grupo, sale de nuevo a escena, nuestro instinto del patriarcado, y nuestra decisión se vuelca hacia un varón, tenga o no méritos suficientes, pues simplemente seguimos errando, identificando masculinidad con fuerza y respeto.

El informe de Naciones Unidas, respecto a la situación de la mujer en el mundo, llevado a cabo por el Comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer, nos muestra una realidad alarmante, ante la cual debemos tomar posiciones firmes, para eliminar estos abusos; pues las estadísticas demuestran la existencia de una diferencia económica entre mujer y hombre, ya que son las mujeres quienes constituyen la mayoría de los pobres en el planeta, con cifras que nos estremecen, ya que desde 1975, el número de mujeres que viven en pobreza en medio rurales se ha incrementado en un 50%; así también si sumamos, que la mayoría de analfabetos, son mujeres, y que estas trabajan 13 horas más que los varones, siendo remuneradas de una menor forma, por hacer el mismo trabajo.

A nivel país, son muchas las instituciones que se han visto avocadas a pronunciarse frente a todas estas formas de discriminación, así también en los instrumentos jurídicos que han sido legislados en los últimos tiempos, la noción de igualdad ya ha sido tomada en cuenta, como un elemento referencial y de estructura que permita la modificación de los patrones sociales y culturales que supriman de una vez la explotación de la mujer, y permitan su incorporación en la vida política y pública, y que estos nuevos criterios puedan ser tomados en cuenta en educación, trabajo, atención sanitaria, seguridad económica y social, y en un acceso a la justicia.

Es necesario comprender que la igualdad no debe ser tomada simplemente como tratar a las personas de una misma manera, pues su dimensión se extiende más allá, pues abarca la lucha y eliminación de las situaciones desiguales que permiten las injusticias, posesionándose como una gran piedra angular sobre la cual se logre una construcción democrática, donde el respeto de los derechos humanos sea la constante, para alcanzar solo de esta manera una comunidad donde la justicia social, sea una realidad.

 

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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