por Andrew

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A sesenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, una crisis financiera, medioambiental, energética, ética y democrática, golpea las naciones del mundo, y la de idea de protección total a la dignidad humana, sobre la cual se creó la Carta no logra hasta ahora plasmarse en una defensa plena a favor de los derechos de la sociedad.

Si bien es cierto en 1948, la reacción de la comunidad internacional, frente a esa practica del exterminio y genocidio que se dio durante el Holocausto, trajo consigo la suscripción de un documento que acordaba la libertad e igualdad de las personas. En la práctica son pocos los Estados que han intentado incluir en sus sistemas jurídicos, normas que prevean la protección total de los derechos humanos, o generar políticas para su correcta aplicación.
El panorama actual no es del todo positivo, pues simplemente si analizamos los últimos acontecimientos, vemos terroristas generando una matanza sin precedentes en Bombay, mientras que en Uganda miles de refugiados exhaustos y aterrorizados huyen de la violencia del Congo, y el caso se repite al norte de Sri Lanka.

Ante estos graves acontecimientos estamos convencidos que los gobiernos deben proteger a sus ciudadanos frente a la violencia, generando políticas diferentes de seguridad y protección, con un concepto distinto al usado por el gobierno de Bush en su “guerra contra el terror” luego del 11-S, la misma que en lugar de mejorar la situación, la empeoró con actitudes como las tomadas con los detenidos en Guantánamo, quienes aún permanecen en un limbo legal, con una degradación diaria de sus derechos fundamentales.

Lo que si estamos claros, que las violaciones de los Derechos Humanos, no sólo son realizadas por los grandes Estados, pues la pasada semana cerca de un centenar de opositores al gobierno fueron detenidos en Cuba, para evitar su participación en marchas por el sesenta aniversario de la Declaración. Mientras tanto que la Unión Europea, en su pronunciamiento oficial mira con preocupación la escalada de violencia en México, el retraso de la ley de Justicia y Paz de Colombia y el caso de los presos políticos en Cuba. El aspecto de mayor preocupación constituye los procesos de reactivación de la pena de muerte en Guatemala y Perú, por lo que la recomendación principal es recordar los compromisos que estos países adquirieron con la suscripción del Pacto de San José y del Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Así, en este nuevo aniversario de la Declaración de 1948, es tiempo de destacar los logros conseguidos en la defensa de los Derechos, pero también momento para recordar y denunciar todos esos temas pendientes que hemos expresado en este artículo, y que podrán ser resueltos con una nueva configuración de las sociedades, donde las personas sean realmente ciudadanos y no súbditos, canalizando la participación de la comunidad a través del Internet, SMS, Web 2.0., logrando una universalidad de derechos, sin jerarquías y realmente indivisibles.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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