Peligro en las vías

por Andrew

bus

Aprovechando los generosos feriados decretados en el país, muchos ecuatorianos viajaron para compartir con sus familias a diferentes destinos turísticos del Ecuador. La gran afluencia de pasajeros a las terminales terrestres fue la constante, primando en estos el desorden, el aglomeramiento y la inseguridad.

No faltaron las noticias de nuevos asaltos a unidades de transporte público en las vías de nuestra provincia, situaciones que generan pánico a turistas y pasajeros que diariamente se desplazan por estas rutas.
En mi caso personal, me vi obligado a retornar de la provincia de Santa Elena en autobús. Realmente pensé que la experiencia iba a ser del todo calmada, sin embargo me equivoqué.

Al llegar al Terminal Terrestre de Salinas, ni siquiera me acercaba a la venta de boletas, y por algún motivo extra sensorial, dos individuos ya sabían dónde me dirigía, y pese a encontrarme a tiempo, me indicaron que el autobús ya estaba saliendo y que debía correr por los pasillos, caso contrario lo perdía, así que obedecí cada una de sus órdenes; en ese momento comprendí que era un serrano fácil de engatusar.

Al abordar el vehículo me acomodé en mi asiento, saqué un libro y me coloqué mis audífonos, sin embargo no pasaron más de 3 minutos, y los parlantes del bus se encendieron con la selección de la bachata más rebuscada y el reguetón de contenido, anulando a mis audífonos, e incorporándome a un mundo extraño en donde la música no se la califica por su armonía ni por su contenido, simplemente por la estridencia.

Realmente agradecí al llegar a Guayaquil y cambiar de ambiente en una terminal de pasajeros con todos los servicios, y totalmente amigable al turista. Atrás quedaban mis recuerdos de la infancia cuando llegar a la Estación Jaime Roldós, significaba estar cerca de un verdadero infiernillo. Pese a las comodidades que ofrece esta moderna infraestructura de transferencia, al subir nuevamente al autobús, el caos volvió a hacerse presente, pues la impuntualidad en el cumplimiento de las frecuencias realmente molesta, y mientras me acomodaba en mi puesto, el pasajero de mi lado se encontraba en un avanzado estado etílico, lo que lo llevó a caer totalmente dormido en mi hombro durante las cuatro horas de regreso.

El autobús se detuvo en casi todas las poblaciones para recoger pasajeros, incumpliendo así las políticas de las empresas que sostienen que el viaje se realiza directo a la ciudad, sin paradas. En cada momento que alguien ingresaba a la unidad mi nerviosismo se incrementaba pues se dice que la mayor parte de asaltos ocurre justamente porque en el trayecto los delincuentes suben a los buses. Mi viaje fue interminable, y el tiempo transcurría lento, muy lento mientras pasábamos lugares críticos donde ocurren este tipo de delitos, como El Tamarindo, Yerba Buena hasta llegar a Molleturo, sin embargo tuve la suerte de no ser uno más de los asaltados en estas vías de la provincia.

A usted querido lector, la descripción le parecerá un viaje a lo más profundo de Macondo o de un día más en Haití, pero No, todo lo narrado sucede en Ecuador; un país que quiere crecer en base a su promoción turística. Los recursos naturales no nos faltan, tampoco los destinos, sin embargo si queremos potenciar estas actividades, primero debemos trabajar en la comodidad, seguridad y atención que un turista y que cada uno de nosotros nos merecemos, pero que a veces tememos en exigirlo.

Lo publiqué en El Mercurio

Anuncios