Migrar

por Andrew

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Para muchos, el manejo de los derechos humanos y la migración, siempre presentará una posición ideológica extrema, sin embargo, en la actualidad este fenómeno que acontece a diario en nuestras poblaciones, debe ser manejado con un criterio técnico y sobre todo sin fanatismos.

La actual Constitución de la República, al tratar los “derechos fundamentales”, se refiere a estos como “derechos”, por lo que cada una de las garantías individuales que forman parte de este fenómeno, se encuentran protegidos.

A pesar de ello, el hecho que nuestros instrumentos jurídicos internos contengan protecciones y garantías para los migrantes, no es suficiente, pues en otros Estados, cada vez las políticas de recepción de extranjeros se vuelven más duras, y aún los países que se vanaglorian por ser los sostenedores del sistema de Derechos Humanos, son los primeros en establecer procedimientos denigrantes, persecuciones, y elevar barreras para todo foráneo que desee entrar a su territorio.

Para la mayor parte de personas que en algún momento de la vida hemos tenido que tomar la decisión de abandonar nuestro país, ya sea por estudios, invitaciones, eventos o trabajo, etc., las sensaciones suelen ser extrañas, pues por una parte la ilusión y la expectativa nos invaden, aunque, la tramitología para obtener los visados, en momentos nos desalientan y hasta nos quitan los ánimos, pero el migrante es perseverante y sabe lo que quiere y lucha hasta el final para conseguirlo.

De la misma forma, el fenómeno sucede de manera inversa, y como sociedad no nos damos cuenta, pues son muchos hermanos colombianos y peruanos que en los últimos años han ingresado a nuestro territorio en busca de un sueño, cada día los criticamos, explotamos, y no nos preguntamos por qué razón estas personas han decidido llegar hasta nuestras tierras, a lo mejor la violencia los despertó una noche y los obligó a abandonar su vivienda, o la sequía, unida a la pobreza extrema les llevó a dejar su polvorienta ciudad para huir rumbo al Norte, en busca de un pan para compartir con su familia.

En general, como lo apunta la mayor parte de doctrinarios frente al tema de Derechos Humanos y Migración, el derecho protegido debe encontrarse principalmente en la libre movilidad del ser humano, al cual Yo le agregaría la complementariedad de la garantía de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales del individuo.

Por ello, para tratar el fenómeno de la migración hace falta ser objetivos y mirar las dos caras de la moneda, y no simplemente ver la “astilla” en el ojo ajeno, del Estado Receptor de migración, sino analizar y reflexionar acerca de la gran “viga” que cargamos en nuestra propia realidad ecuatoriana, donde los casos de xenofobia cada vez se vuelven más comunes, y no nos permite llegar a esa ansiada integración nacional, en la cual la sociedad sea unificada por la cultura y la historia común, derrotando para siempre los resentimientos y enemigos, tan contrarios al universalismo de los derechos del hombre y el ciudadano.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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