Aborto a la carta

por Andrew

Paloma tiene 21 años, vive en Madrid y estudia Ciencias Económicas en la Universidad, y cuando sus tareas lo permiten frecuenta a su enamorado José María, y pese a que se cuida al tener relaciones sexuales, teme mucho por quedar embarazada y que sus planes a futuro se vean frustrados por la llegada de un hijo.

Sin embargo, desde la semana pasada a Paloma esta situación ya no le quita el sueño, pues el parlamento español aprobó la “Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo”, normativa que permite la interrupción del embarazo hasta la semana 14, con un período previo de reflexión de 3 días, y hasta la semana 22 en caso que la madre corra riesgo o si el feto pueda llegar a tener anomalías.

Y en el caso de las menores de 16 y 17 años, se abre la posibilidad para abortar, siempre y cuando se informe del particular a sus padres, para que estos las guíen en su decisión.

Claro que para la Ministra de Igualdad del gobierno español, Bibiana Aído Almagro, “…el aborto no es un invento del Gobierno…”, y recalca que es necesario normar una situación de este tipo, pues cada año el número de interrupciones del embarazo crece de manera acelerada y es preferible legislarlo a poner en peligro la salud de las madres.

Los defensores de la iniciativa ven como un derecho de la mujer la interrupción voluntaria del embarazo, pues ellas tienen autonomía y libertad sobre su cuerpo, lo cual les permite tomar decisiones, ya que un embarazo no deseado puede cambiar su proyecto de vida.

Si bien es cierto, a nivel mundial el número de embarazos no deseado crece día a día de manera alarmante, resulta polémico que la solución sea expedir una normativa que deje la puerta abierta al aborto, y que su único argumento sea que el problema dejo de ser un tema exclusivamente personal y que se convirtió en un tema social, cuya regulación incumbe al Estado.

A lo mejor el legislador piensa que el problema se termina dando las facilidades en una clínica u hospital para que la mujer pueda interrumpir su embarazo, sin embargo, el tema va mucho más allá y es complejo, pues se pone en evidencia una crisis de valores de la sociedad española, la cual minimiza el valor por la vida, con datos que reflejan que cerca del 55% de los ciudadanos apoya la libertad para abortar.

Ante esto los sectores conservadores de la sociedad ibérica destacan que los principios y convicciones de la concepción de la vida y la constitución de la familia han sido desplazados por otros mucho más banales y superficiales, como moda, dinero, sexo, etc., como resultado de una sociedad en crisis.

Sin duda es una normativa polémica desde cualquier punto de vista, y en este caso el derecho se adapta a las peculiaridades que presentan cada sociedad, sin que con esto se justifique el aborto, el cual si bien es cierto es una decisión de la madre, siempre será la interrupción de la vida de un ser humano.

Lo publiqué en El Mercurio

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