Cartas a mi madre

por Andrew

Esteban viajó a Chile hace aproximadamente 20 años y es uno de los tantos médicos ecuatorianos que migraron al sur para ampliar sus conocimientos y continuar con su carrera universitaria.

Como es obvio en los noventa las comunicaciones no eran las mejores y con la familia buscábamos todos los medios para mantener el contacto, ya que si bien es cierto la telefonía fija era una alternativa sus costos y conexiones representaban limitantes, por ello en las noches acompañaba a mis abuelos a casa de uno de los radio aficionados de la ciudad y por horas intentábamos establecer comunicación, el tiempo no era obstáculo pues lo que queríamos era escuchar su voz.
Para muchos lectores les es familiar estos viajes por estudios que desconectaban familias y traían como consecuencia una extraordinaria habilidad en la escritura de cartas, mismas que se leían y releían en casa, así como en las reuniones familiares, en ellas se narraba las aventuras y nuevas visiones de enfrentarse a una nueva cultura y sobre todo ante otra realidad.

Luego de muchos años me tocó la oportunidad de estudiar en el extranjero y la felicidad se mezcló con nostalgia en casa por mí partida y por la pérdida de contacto. Claro que mis padres utilizaban siempre el computador, pese a ello nunca sintieron mayor interés por la conexión a la Internet, redes sociales, entre otras.

Una vez fuera mis correos electrónicos narrando las experiencias y envío de fotografías era constante y en casa más por pena que por interés del desarrollo de las Tecnologías de la Información y Comunicación, TIC, mi madre aprendía de manera acelerada hasta que el contacto vía “Messenger” fue perfecto.
De la misma forma mis proyectos literarios y de Web 2.0 no se frustraron ya que pese a estar en el mismo continente junto con mi amigo Matías Abad Merchán pasamos conectamos en la Internet y desarrollamos interesantes proyectos que se reproducían en Cuenca.

Ahora la tecnología ha avanzado y con los “smarthpones” como los Blackberry o iPhone las separaciones de los nuevos migrantes académicos es más soportable ya que el contacto es instantáneo, sin mencionar los grandes beneficios que Skype nos ofrece gratuitamente con video llamadas, mensajería instantánea, así como llamadas a teléfonos fijos y móviles a precios irrisorios.

La tecnología llegó para quedarse y obviamente la debemos utilizar para hacer más fácil nuestras vidas y no volvernos dependientes de ésta. Atrás quedó los cortos mensajes del telegrama, la comunicación con interferencia de los radioaficionados, las costosas cuentas de la telefonía, la larga espera del correo, ahora nuestra comunicación es instantánea, clara y directa. Sin embargo, en ellas no descuidemos el sentimiento, la consideración y respeto para todos a quienes queremos y les extrañamos.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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