Vino versus alcohol

por Andrew

Imagen vía: tertulias culinarias

Ecuador atraviesa una de las emergencias sanitarias más importantes de los últimos tiempos debido a la comercialización de alcohol adulterado el cual ha causado un sinnúmero de víctimas por la presencia de alcohol metílico. Muertes que han activado al Estado Central para que éste a través de sus ministerios e instituciones intenten controlar este lamentable hecho, pero que no nos debería extrañar puesto que Ecuador según un estudio de la Organización Mundial de la Salud, es el segundo país con mayor consumo de alcohol per cápita en América Latina.

Debería ser un dato para reflexionar que cada ecuatoriano consuma un promedio de 10 litros de alcohol por año, mientras que los niveles de desarrollo y educación se encuentran por debajo de la media mundial. Por ello a fin de evitar que se produzcan más muertes y efectos segundarios como ceguera por el consumo de alcohol adulterado, el Ministerio de Salud Pública ha publicado un listado que se actualiza constantemente respecto de los licores adulterados, sin embargo, por parte de la comunidad en general existe cierta confusión respecto de estos productos y su terminología, pues a la mayor parte se los califica como vinos, cuando realmente se tratan de bebidas alcohólicas gasificadas con saborizantes, por lo que nada tienen que ver con un producto que se obtiene de la fermentación del zumo de la uva.

Por ello estimado lector me permito realizar algunas puntualizaciones que sin duda servirán para evitar confusiones dados los últimos acontecimientos ocurridos en el Ecuador. No por ello quiero entrar en un análisis propio de un enólogo, ni de un vinicultor, pero sí de un amante del buen vino. Pues la diversidad de vinos viene dada desde sus procesos de maduración, variedades autóctonas, así como la fermentación entre otros factores que los convierten en productos únicos debido a su calidad y sobre todo porque se obtiene lo mejor de la uva.

La diversidad varietal, esto es aquellos vinos que tienen más del 80% perteneciente a un mismo tipo de uva, entre los cuales podemos encontrar al Merlot, Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Malbec, Syrah, etc., importa mucho la zona en la cual se producen los vinos pues influyen en su desarrollo y toque personal, ya que cada zona refleja sus potencialidades climáticas, de terreno y hasta históricas, de ahí deviene la importancia de las denominaciones de origen, entre las cuales destacan a nivel mundial por ejemplo: la Rioja y Rivera del Duero en España, mientras que en Francia el conocido Champagne, en Chile los vinos de la Región del Valle Central, entre otros.

Por ello los vinicultores trabajan para alcanzar la fórmula perfecta que convine las mejores características a partir del producto de su propio viñedo evitando la inclusión de químicos o productos ajenos al vino, dando vital importancia a los procesos de maduración de la uva y al suelo, por ello el producto será irrepetible, pues alcanzará su propia personalidad dada la diversidad de factores que influyen en su resultado. Pese a ello el vino también corre riesgos de fraude, como son falsificaciones en etiquetados, mezclas ilegales, incorporación de sustancias peligrosas, entre otras.

En el caso ecuatoriano no considero adecuada la solución dada respecto a la compra o compensación por devolución de alcohol adulterado, pues si bien es cierto retirará del mercado esta sustancia tóxica y mortífera, no ataca el problema de fondo, ni tampoco otorga soluciones tanto para productores y ciudadanos. A lo mejor es hora que la tecnificación llegue a los alambiques o que se proceda a una revisión de los aranceles de las bebidas alcohólicas importadas, este es el verdadero debate.

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