El “BIG DATA” y las nubes cargadas de información

por Andrew

Things-That-Happen-Every-60-Seconds-On-The-Internet-2El presente artículo contiene 580 palabras lo cual significa apreciado lector que tardará aproximadamente 4 minutos en leerlo, mientras usted dedica su valioso tiempo a esta tarea en el mundo se habrán enviado 400 000 tuits, 24 millones de perfiles de Facebook serán visitados, se realizarán más de 8 millones de búsquedas en Google y algo más de 120 horas de video estarán ya subidas al Youtube; estadísticas que forman parte del estudio realizado por la firma INTEL “What happens in an Internet Minute” y que fueron expuestas de una manera singular hace unos días en un Congreso en Madrid por Diego Álvarez de la Universidad Politécnica de Valencia en su ponencia: “Big Data. Participación y Colaboración Política”.

El Big Data no es otra cosa que aquella enorme cantidad de datos alojados en repositorios en la “nube”, los cuales con las actuales herramientas de análisis se vuelve casi imposible su manejo y hace pensar que el futuro se encuentra en la correcta interpretación y estadísticas que puede proporcionar esta incalculable “telaraña” de contenidos. Pese a ello su aspecto negativo radica en la fragilidad y vulnerabilidad que aún presentan no solo los sistemas de comunicación, sino sobre todo sus gestores, muestra de ello son las filtraciones de información del gobierno estadounidense, con el soldado Bradley Manning, y con el ex contratista de la NSA y CIA, Edward Snowden.

La nube cada vez se carga de más información personal que a diario proporcionamos, ya sea desde que abrimos una cuenta de correo, hacemos un “me gusta” en una Web, enviamos un mensaje por Whatsapp, cargamos una fotografía al Facebook o simplemente tuiteamos acerca del clima. Y no me detengo al sinnúmero de información biométrica como huellas, iris de ojos, fluidos, etc., para ello solo basta que usted recuerde su último viaje al exterior y me dará la razón.

Un caso particular le ocurrió al escritor Rafael Argullol, quien decidió adquirir un nuevo automóvil y acudió a un concesionario en Europa, mientras miraba los distintos modelos el vendedor le dijo que tenía el vehículo apropiado con la posibilidad de autoajustar el volante debido a su estatura (1,87cm); Argullol se sorprendió pues nunca había mencionado tal aspecto. La respuesta era sencilla, el vendedor gozaba de información privilegiada (edad, preferencias, record financiero, enfermedades, etc) en su computador, pues el escritor al igual que el resto de ciudadanos eran compradores potenciales. Como es obvio Rafael Argullol se indignó y no compró el vehículo.

Hace algunas semanas mi amigo, Daniel Orellana (@temporalista) publicaba un interesante artículo titulado “Dime cómo te mueves y te diré quién eres. La movilidad como huella del comportamiento espacial de las persona”, documento que justamente explica las potencialidades que tiene la relación entre movilidad e información y como la huella electrónica contribuye al análisis de la vida de las personas, llegando a una interesante conclusión, la era de mayor información y conocimiento lo lógico es que sea también la era más humana para no llegar al límite que nuestra vida sea decidida por un computador.

Lastimosamente el Big Data se convierte en un sinónimo de Big Brother (Gran Hermano de Orwell) y la pérdida de la intimidad es cada vez más común y no hacemos nada para impedirlo, no logramos entender que está en nosotros poner los límites de la información que proporcionamos o al menos leer claramente las condiciones de privacidad de los servicios que utilizamos y ser conscientes de aquello que renunciamos.

Lo publiqué en Diario El Mercurio (pendiente link)
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