La primavera que no floreció

por Andrew

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A lo mejor se trata de nuestro comportamiento inmediatista propio del siglo XXI y que apoyado por los Tecnologías de la Información y Comunicación, creemos que todo, absolutamente todo se encuentra a tan sólo un clic de distancia. Muestra de ello fue la errónea premisa que creamos con motivo de la primavera árabe vivida en los últimos años, en la que pensamos que al deponer a los distintos regímenes dictatoriales y cambiarlos por unos supuestamente ungidos de legitimidad y reconocimiento internacional, la semilla de la democracia caería en cada uno de estos territorios para que en poco tiempo surjan Estados de Derecho que contribuyesen al fortalecimiento de la comunidad internacional.

Pese a ello, los últimos acontecimientos ocurridos en Egipto desde el Golpe de Estado del 3 de julio hasta las graves denuncias de utilización de agentes químicos en la guerra civil de Siria, confirman que aún existen algunos intereses que no quieren que la democracia real llegue, sino al contrario que se mantengan las fuerzas fácticas que nunca dejaron el poder, y que con tanques, aviones y fusiles, aún quieren monopolizar el gobierno de los Estados. Solo de esta manera se explica cómo luego de un año de triunfar en elecciones libres, abiertas y debidamente organizadas, el ex presidente Morsi, líder de los Hermanos Musulmanes y de su partido Libertad y Justicia, haya sido depuesto por la fuerza por las mismas personas que en su momento terminaron con décadas del nefasto gobierno dictatorial de Mubarak.

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Sin embargo, si bien es cierto se quiere justificar que el movimiento se trató de una “revolución popular” y no de un Golpe de Estado y que la misma fue orquestada por la sociedad civil y liderada por un grupo de “intelectuales”, desde la sombra aún quedan temas por explicar, por ejemplo cómo un ejército en teoría totalmente renovado y saneado desde la salida de Mubarak haya traicionado a Morsi, si fue el mismo quién los nombró. Y todos las preguntas llevan a un solo nombre, el general Abdelfatah al Sisi, quien ha ocupado importantes cargos en los servicios de inteligencia del ejército, los cuales lo catapultaron ahora a ocupar la vicepresidencia del gobierno interino de Egipto, y quién sabe si en las próximas elecciones llegue a presentarse como potencial candidato a la presidencia.

Pero, ¿qué relación guardan los acontecimientos ocurridos en Siria con Egipto? Los analistas de Medio Oriente apuntan a dos posibles causas del rompimiento entre los Hermanos Musulmanes y el ejército: la primera, la radicalización alcanzada por Morsi ligada a la religión, con medidas que fueron rechazadas fuertemente por la población civil; y la segunda, la relación que estos tienen con las fuerzas opositoras de Bachar Al Asad (Siria), lo cual despertó la cólera de los militares egipcios y fue la gota que derramó el vaso de los posteriores acontecimientos.

Mientras tanto el panorama en el conflicto en Siria es desolador: millones de niños y familias desplazadas a causa del conflicto, miles de muertos y en los últimos días la posible utilización de agentes químicos en las intervenciones armadas, lo cual sin duda contraviene todo principio del Derecho Internacional Humanitario. Mientras escribo éste artículo la tensión cada vez es más fuerte debido a la falta de cooperación del gobierno de Al Asad para con los técnicos de la ONU que deben revisar la posible utilización de armamento químico, y por otro lado el Pentágono prepara alternativas de una posible intervención armada, la cual es ya apoyada por Francia y el Reino Unido. Un panorama lamentable que podría empeorar y desatar el caos en todo Medio Oriente, si la racionalidad y el diálogo no se hacen presentes lideradas por parte de los Organismos Internacionales.

Lo publiqué en Diario El Mercurio
* Este artículo se complementa con otro que se publica el martes 3 de septiembre. Ya lo colgaré por esta vía.
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