Jaque mate institucional

por Andrew

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Intentar comprender la vigencia de una institución como la monarquía en el Siglo XXI resulta sin duda una tarea complicada, no sólo por el desprestigio que han vivido sus principales figuras, sino sobre todo debido a los efectos positivos que han traído los modelos democráticos representativos y participativos, donde el verdadero soberano es la ciudadanía en pleno.

Pese a ello, cuando a un republicano latinoamericano como es mi caso le toca vivir en un territorio que ha adoptado la Monarquía Parlamentaria como su sistema de gobierno, uno no puede abstraerse y dejar de cuestionarse respecto de una figura tan controvertida y mediática como la del Rey de España cuyo estado de salud ha empeorado en los últimos días, debido a una nueva cirugía en su cadera, una de las 13 intervenciones que ha tenido en su vida, y la cuarta en el último año; situación que ha llevado a los principales partidos políticos y a la sociedad civil española a discutir respecto al rol que debe jugar el Príncipe en los asuntos del Jefe de Estado en situaciones como estas.

Dentro de la Monarquía Parlamentaria como la española, las figuras de Jefe de Estado y Jefe de Gobierno se encuentran divididas, la primera ocupada por el Rey, Don Juan Carlos I de Borbón, cuyo cargo es hereditario, y la segunda por el Presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, elegido por las Cortes Generales para un período determinado.

Siendo las funciones del Jefe de Estado: sancionar y promulgar las leyes; convocar y disolver Generales; nombrar al presidente y a sus ministros; expedir decretos; dirección suprema de las Fuerzas Armadas; acreditar a embajadores; consentimiento para tratados internacionales; declarar la guerra, entre otras.

En este contexto, la pregunta es, ¿si acaso el Rey se encuentra plenamente capacitado para cumplir su cargo dado su delicado estado de salud? dependiendo de la respuesta se podrían presentar al menos dos escenarios, el primero de carácter “definitivo” que sería optar por la figura de la abdicación la cual según el Art. 57, numeral quinto de la Carta Política española, debería ser abordada por una ley orgánica, misma que hasta el momento no ha sido legislada, y que peor aún quiere ser discutida, pues se considera como inoportuna en estos momentos pues podría herir susceptibilidades de la Casa Real; y la otra opción que podría ser “temporal” sería la de la regencia, regulada en el Art. 59, numeral segundo la cual señala que si el Rey se encontrase inhabilitado para ejercer sus funciones, ejercería temporalmente las funciones el Príncipe heredero.

Cabe indicar que a diferencia de lo que ocurre con el resto de monarquías que aún se conservan en el mundo, donde la figura del príncipe se encuentra regulada, en el caso español, el Príncipe Felipe pese a su formación y deseo por colaborar con la Corona no tiene funciones asignadas, y peor aún el Rey se las puede delegar. Tanto es así que las veces que lo hemos visto visitar Latinoamérica para asistir a las posiciones presidenciales, se ha tenido que emitir decretos específicos que lo asignan más como un representante diplomático.Felipe-y-Correa-2-980-630x378
Es por ello que se ha generado una tensión interesante que va desde la supuesta necesidad de legislar un Estatuto del Príncipe, o quién sabe con los tiempos conflictivos que atraviesa España dónde una reforma constitucional por el tema de Cataluña es cada vez más cercana, que dicha reforma no sólo pase por el tema del modelo de Estado que de paso a uno de tipo Federal sino incluso sobre su forma de gobierno y se llegue a la Tercera República.

Lo publiqué en Diario El Mercurio
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