Reutilizar la obra pública. El modelo de las vías verdes

por Andrew

Entre los viñedos el pueblo de Agost

Entre los viñedos el pueblo de Agost

Reutilizar la obra pública

Recorrer nuevos lugares siempre es estimulante, pero aún más gratificante es si se lo hace en bicicleta y éste fin de semana tuve la oportunidad de recorrer una de las vías verdes europeas, de manera particular la del Maigmó en la provincia de Alicante que atraviesa los municipios de Agost y Petrer.

La particularidad de este trayecto es que se levanta sobre una vía abandonada del ferrocarril que en teoría debía unir a la capital de la provincia junto al Mediterráneo con una de las poblaciones más importantes del interior, Alcoy.

Sin embargo, una vez llegada la Guerra Civil la obra se paralizó y posteriormente durante la dictadura de Franco la vía no fue terminada, entre otras cosas por el recelo que tenían de los alcoyanos, pues en esta población se alojaban importantes bastiones progresistas de resistencia.

IMAG2523Es por ello que luego de años de abandono, la Diputación de Alicante tuvo la iniciativa de integrar este circuito de 22km a las vías verdes europeas, que no son otra cosa que espacios de comunicación exclusivos para peatones y ciclistas que se levantan sobre todo en obra pública abandonada como canales de riego, vías de ferrocarril, entre otros.

Por ello una de los elementos que hacen excepcional a ésta vía verde es la experiencia de atravesar 6 túneles en completa obscuridad solo con la ayuda de una linterna, así como 2 antiguos viaductos, todo ello sumado a un paisaje extraordinario en medio de viñedos, palmeras y árboles frutales que acompañan el recorrido en un terreno que va desde lo desértico y que cambia conforme se asciende la montaña.

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Mientras pedaleaba por estos parajes y sentía el viento del otoño, recordaba como hace ya más de 25 años todos en Cuenca corríamos hacia la estación de Gapal para esperar la llegada del rehabilitado tren. Si bien es cierto, muchos esperaban a la locomotora, en mí caso fui llevado por algunos familiares que preferían ver de primera mano al polifacético presidente de turno, Rodrigo Borja Cevallos, que en esta ocasión con gorro de maquinista hacia las delicias del público.

Tuve la oportunidad de viajar en muchas ocasiones en el tren a la hermana ciudad de Azogues, y en el recorrido pude mirar las hermosas casas de campo y sobre todo jugar mentalmente en una competencia con la corriente de los ríos que acompañaban todo el trayecto. Sin duda una de las mejores experiencias para nosotros los niños de la época fue colocar “sucres” en los rieles del tren y esperar que la vieja locomotora pase por encima y los deje totalmente aplanados, cuyo resultado era considerado un verdadero tesoro.

El tiempo y la falta de mantenimiento fueron los peores enemigos del tren en la zona austral, lo cual sumado a los desastres naturales como el de “La Josefina”, así como a la expansión urbana tanto de la ciudad de Cuenca como de Azogues, firmaron la partida de defunción de esta importante iniciativa.

En la actualidad con la renovación de la Empresa Pública de Ferrocarriles del Ecuador podría ser factible la rehabilitación de este importante tramo entre dos ciudades hermanas; sin embargo, tampoco se debería descartar iniciativas como las de las vías verdes europeas, recordemos que ya parte del antiguo recorrido del tren en la parte urbana de Cuenca es ya una ciclovía, es tal vez momento de pensar en un proyecto regional que mezcle tanto turismo e integración, y que sea el acta de constitución simbólica de una futura Región según lo establece la Constitución de la República y el COOTAD.

Lo publiqué en Diario El Mercurio.

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