Madiba: el unificador

por Andrew

MADIBA

La noche del 5 diciembre fue un poco más triste y fría en la tierra, porque uno de sus hijos más queridos la abandonaba. Y como no podía ser de otra manera las portadas de los diarios y las redes sociales se convulsionaron ante el ya esperado descanso eterno de Nelson Mandela, un referente en materia de Derechos Humanos, pero sobre todo una muestra clara que la esperanza frente a la adversidad y la solución de los conflictos entre los seres humanos es posible si tan sólo se deja de lado el egoísmo y se construyen proyectos basados en la fraternidad y la solidaridad.

Son muchas las facetas que tuvo Mandela durante su vida, desde abogado, activista político, líder comunitario, sin embargo, su rol frente a la lucha contra el apartheid en su natal Sudáfrica fue uno de los elementos que más lo hicieron visible en un régimen intolerante que buscó silenciarlo en la cárcel por casi tres décadas; pero fue su perseverancia y carácter lo que hicieron que deje de ser el prisionero 466 a llegar a ser uno de los personajes mejor valorados del Siglo XX.

Una muestra del importante legado que deja “Madiba” como también llamaban a Mandela los de su clan, se recoge en la película “Invictus” dirigida por Clint Eastwood y que se basa en la obra “El factor humano”, del escritor John Carlin.

La obra se desarrolla en la década de los noventa cuando Mandela asume el cargo de presidente ante una Sudáfrica confrontada, donde el resentimiento y el odio seguían presentes luego de la larga ocupación inglesa. Muchos de los que en su momento votaron por él, lo veían como su representante no sólo por el color de su piel sino porque pensaban que sería él quién podría emprender la “venganza” contra los blancos.

Sin embargo, lo sui generis de la historia y que demuestra lo especial de Mandela es que en lugar de buscar una revancha personal, dejo de lado su pasado y buscó lo mejor para el pueblo que gobernaba, sin importar raza, religión o ideología.

Así es como de una manera visionaria Mandela encuentra esta posibilidad en el mundial de rugby que se desarrolló en Sudáfrica en 1995, deporte de masas restringido a la población blanca, pero que gracias a su liderazgo y su carisma terminó convirtiéndolo en el elemento de comunión entre los sudafricanos sin importar el color de la piel, apoyando todos juntos a la selección de su país en la final de la copa mundial.

Sin duda, la vida de Mandela fue mucho más que los momentos alegres que pueda reproducir una película o un libro de liderazgo, ya que las adversidades estuvieron presentes de manera constante, así como la privación de la libertad que en lugar de convertirlo en un hombre vengativo, hizo de él un ser contemplativo y capaz de desarrollar el perdón entre sus semejantes.

Para forjar su personalidad, en la prisión de “Robben Island”, se inspiró en el poema “Invictus” del inglés William William Ernest Henley, quien en su último verso señala:

“No importa cuán estrecho sea el portal,

cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino:

soy el capitán de mi alma”;

por lo que si tenemos claros los objetivos de nuestra vida, no importa lo difíciles que sean las circunstancias, como seres humanos siempre debemos sentirnos libres más allá de las adversidades o los obstáculos. Mandela nos enseña que los milagros son posibles gracias a seres humanos que dejan de lado sus intereses personales y ponen los de los demás en primera fila.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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