Sociedad carente de contenidos y concentrada en superficialidades

por Andrew

arrogante

¿Arrogancia o conocimiento?

Cada vez resulta más común encontrarse con curiosos personajes que privilegian las formas sobre el fondo, no sólo en los diálogos con sus interlocutores sino sobre todo en reproducir determinados estereotipos ya sea en lo académico, cultural, artístico o empresarial. Quedando la sociedad carente de contenidos y concentrada tan sólo en superficialidades.

De esta manera, le sonará conocida la siguiente descripción del “exitoso” adulto contemporáneo, quien en su interés por llegar a ser un “alto ejecutivo”, arriesgó sus pocos ahorros e incluso se endeudó para en el mejor de los casos cursar un programa en marketing, ventas o gestión empresarial, y que con el pelo engominado, traje oscuro y corbata de colores ligeramente ajustada, acompañado de su computador Apple al que sólo utiliza como procesador de palabras o visor de diapositivas, visita un negocio u oficina para ofrecerle “soluciones integrales”; a todo ello nuestro ilustre desconocido suma una serie de frases rebuscadas, anglicismos que intentan demostrar que el “tipo sabe”, y que vale la pena contratarlo; pero que al poco tiempo uno descubre que nuestro consultor era tan sólo un cascarón de buenas intenciones y que realmente poco nos podría asesorar.

Situación similar ocurre con algunos artistas o gestores culturales, quienes la mayor parte de su tiempo lo utilizan intentando resumir en una página web o en “Linkedin” a que se dedican, en lugar de realizar algún tipo de obra creativa. Mientras que las horas que les sobra las utiliza para buscar el “outfit” (conjunto/indumentaria) apropiado que lo distinga como prestigioso artista conceptual o músico de vanguardia.

mobile_insideLo cual se repite en tantas áreas como usted imagine, sin importar el lugar en el que se encuentre; así, Yo también he tenido la oportunidad de encontrarme con estos peculiares individuos en la Academia, siendo muy fáciles de distinguir, pero sobre todo de desmontar sus falaces argumentos.

Incluso con la descripción que le hago amable lector, usted podrá reconocerlos en los predios universitarios y comprobar si detrás del “outfit” intelectual se esconde un verdadero académico.

Nuestro personaje normalmente se precia de ser progresista y antisistema, por lo que si bien viste de traje, evita las corbatas y en ocasiones prefiere los sacos a cuadros con coderas de cuero. Usa lentes anchos de pasta, pese a que no siempre tenga una deficiencia visual. Aunque es casi un hippie, no se desampara de su teléfono inteligente, usándolo tan sólo para interactuar en las redes sociales y para “googlear” aquellos términos o temas que desconoce para no quedar mal frente al público.

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Mientras que si se trata de un profesor o un investigador, sus clases o textos se caracterizan por imitar estilos de reconocidos catedráticos y repetir documentos o artículos que ha leído; pero que por su falta de claridad o preparación terminan por confundir a sus interlocutores debido a sus ideas desorganizadas y por la gran cantidad de adornos lingüísticos utilizados, sumado en ocasiones a actitudes déspotas o desafiantes, propias de sus inseguridades.

No se puede olvidar que el verdadero maestro entre más conoce, es más humilde, sencillo, paciente y sobre todo claro en su discurso, capaz de trasmitir un conocimiento de manera clara con una estructura adecuada, preocupado más del contenido que de las formas que le adornan.

Actitudes simples que a veces olvidamos y que hace que muchos de éstos personajes nos seduzcan con mentiras y cantos de sirenas.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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