Parecidos razonables

por Andrew

MIGRACION

Para leer el presente artículo amigo lector le invito que por un momento cierre los ojos y déjese guiar por la siguiente descripción: un grupo de personas en condiciones de extrema pobreza, durante un frío invierno intenta cruzar la frontera la cual en caso de franquearla les permitirá en teoría alcanzar un mundo lleno de libertades y esperanzas, pero que de cometer tan sólo un error, las fuertes corrientes les llevarán al fondo y la muerte será su compañera.

Los nervios del grupo son cada vez mayores cuando de pronto miran a las fuerzas de seguridad del Estado que por agua y aire hacen todo por interceptarlos, algunos intentan desesperadamente alcanzar la orilla. Solo se escuchan gritos y sus lágrimas se mezclan en el agua con la frustración de no alcanzar su tan anhelado sueño.

La descripción que precede éstas líneas puede ser aplicada indistintamente para narrar un viaje frustrado de inmigrantes para cruzar el temido río Grande entre la frontera México-Estados Unidos de América, o también las travesías de miles de emigrantes africanos que en pequeñas embarcaciones más conocidas como pateras, desafían incluso a la propia naturaleza con el objetivo final de llegar a territorio de la Unión Europea, UE.

IMAGEN VÍA EL PAÍS

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Cada vez las historias se repiten, sueños por alcanzar territorios de libertades y oportunidades que quedan frustrados, la semana pasada fueron alrededor de quince jóvenes africanos que murieron en las costas de Ceuta (territorio español) en un episodio confuso hasta la fecha debido a las actuaciones por parte de la Guardia Civil que disparó balas de goma para dispersar a los migrantes que viajaban a bordo de pateras.

Sin embargo, el sentimiento en contra de la migración no sólo se reduce al endurecimiento de medidas de protección de los puntos de frontera, pues con los resultados del último referéndum en Suiza, sumado a la posición de los conservadores británicos, la discusión se ha trasladado incluso a las medidas restrictivas que deberían tomarse respecto de la libertad de circulación de ciudadanos europeos dentro de los países miembros de la UE y Suiza, respectivamente.

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A inicios de este año los partidos euroescépticos alineados a la derecha vaticinaron que con la entrada en vigor del protocolo que permitía la libertad de circulación y trabajo de búlgaros y rumanos en territorio de la UE las olas de inmigración hacia Alemania, Suiza o Reino Unido serían imparables, mas hasta la fecha todo sigue su ciclo normal y tan sólo el 2,8% de la población europea (catorce millones) vive en un país distinto al de su nacimiento, por lo que el discurso sin duda carece de veracidad.

Por si fuera poco, los países que más trabas ponen a recibir migración so pretexto de mantener su Estado de Bienestar, son precisamente aquellos que más necesitan una población económicamente activa que permita financiar la pesada carga de asistencia social que tienen a su cargo.

MURO

En el caso de Suiza y la UE, es claro que sufren de una necesidad mutua, y la presión del referéndum será el pretexto para renegociar condiciones y quizás otorgar nuevos privilegios, pero en el fondo la discusión debe centrarse que cuando hablamos de migración estamos tratando con seres humanos que más allá de su color de piel o si estos poseen o no una autorización de ingreso, son poseedores de unos derechos que les son universales por su condición de seres humanos y es obligación de todos los Estados respetarlos en todo momento.

En mi caso soy un orgulloso emigrante que forma parte de los doscientos catorce millones que existen alrededor del mundo, y ya sea desde la cátedra o desde ésta columna intento ser objetivo pero a la vez defender los derechos y las libertades de todos los ciudadanos del mundo.

Lo publiqué en Diario El Mercurio
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