11-M: a 10 años del terror

por Andrew

Ilustración propia de Atocha

Ilustración propia de Atocha

Hace una década la capital española sufrió uno de los atentados más graves de su historia, episodio que enlutó a toda la sociedad dejando cicatrices difíciles de zanjar y a la vez abrió interrogantes que tan solo ahora pueden ser resueltas poco a poco.

Para quienes hemos vivido alguna vez en Madrid, Atocha representa mucho más que una estación de trenes, pues como puerta de entrada y de salida de la capital, contiene en sí misma más de una historia o un recuerdo.

Fue aquí durante las primeras horas del 11 de marzo de 2004, en éste punto neurálgico de la ciudad dónde en ese entonces nadie hablaba de crisis y la bonanza económica hacía que convoyes de trenes de cercanías repletos de pasajeros madruguen para llevar a sus respectivos puestos de trabajo a miles de personas, donde ocurrió una masacre.

Pues, antes del amanecer un trío de yihadistas miembros de una célula terrorista viajó en una furgoneta cargada de explosivos a la ciudad dormitorio de Alcalá de Henares (30 minutos de Madrid) donde estacionaron y subieron a cuatro trenes de cercanías varias mochilas llenas de dicha carga explosiva, las que hicieron explotar de manera simultánea en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia a las 7h37 y las 7h40 horas, respectivamente.

Fueron en total 13 mochilas llenas de explosivos que mataron a 191 personas, y dejaron a 1.857 heridos, así como a una sociedad entera en shock previo a las elecciones de Cortes Generales.

El atentado conocido históricamente como 11-M, ha querido ser explicado de múltiples formas, sin embargo, se pueden resumir en tres grandes teorías: la primera, manejada durante las primeras horas después de ocurridas las explosiones por parte de las autoridades del gobierno del Partido Popular, PP, y que lo atribuía a una obra de ETA, “Euskadi Ta Askatasuna” (País Vasco y Libertad), grupo que había aterrorizado a España en ocasiones anteriores, teoría que perdió peso al no ser reivindicado por dicho movimiento, así como por no ser su modus operandi, por no ser el tipo de explosivo que utilizaban y más aún por las posteriores detenciones de terroristas islamistas.

Y es así que surgió la segunda teoría, misma que se sostenía en la supuesta venganza realizada por un grupo de yihadistas como protesta a la colaboración de España en la invasión de Estados Unidos de América a Irak en 2003.

Sin embargo, una de las últimas teorías que más cuaja entre académicos y expertos en seguridad, es la relacionada con la venganza de los miembros de la célula terrorista de Abu Dahdah en contra del pueblo español, debido a la prematura desarticulación de ésta banda en años anteriores, y que fue planificada en Pakistán por uno de sus líderes, Amer Azizi en 2001.

En mi opinión, existen aún heridas abiertas tras una década del 11-M pero que han sido posibles sobrellevarlas gracias a la acción conjunta de las instituciones propias del Estado de Derecho, sobre todo a un Poder Judicial que garantizó el esclarecimiento de la verdad, que si bien no pudo revivir a los muertos, al menos diseminó un sentimiento de justicia entre los familiares de las víctimas.

Mas, el peligro no ha desaparecido pues si bien es cierto los cuerpos de seguridad del Estado desde ese momento concentraron su actividad en controlar a los grupos terroristas islamistas, en la actualidad todas las grandes potencias viven frente a la amenaza de pequeñas células y “lobos solitarios” realmente impredecibles y capaces de causar devastación y terror con tan sólo un movimiento, por lo que se hace necesario el diseño e implementación de nuevos sistemas de prevención y seguridad compatibles con las nuevas amenazas.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

* NOTA: A los tres años del atentado, debido a mis estudios tuve que trasladarme por cerca de un año en el mismo trayecto (corredor del Henares) en los trenes de cercanías, por lo que este artículo intenta reflejar el respeto del autor frente a las víctimas y sus familiares.

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